lunes, 3 de noviembre de 2014

Las Oportunidades

El anciano Jorge Valdés llevaba 30 años en la misma compañía de venta de autos. 30 largos años en el mismo puesto de trabajo, que consistía en gestionar las formas de pago que los clientes utilizarían para llevarse los automóviles. Jorge  casi no interactuaba con los clientes, le gustaba más el papeleo que no involucrara interacción con humanos. Las ventas se las dejaba a los más jóvenes.

Jorge se sentía muy a gusto con lo que hacía, aunque a veces encontraba un poco monótona su rutina diaria, consistente en despertar, bañarse, trabajar, almorzar, volver a trabajar, tomar once con su familia, leer el diario, ver tele y dormir con su mujer.  Pero eso no le incomodaba casi en lo más mínimo. El era feliz en la medida de lo posible.

Un día cualquiera y por extrañas circunstancias del azar, Jorge recibió un llamado telefónico en que el  dueño de una nueva compañía de venta de autos requería de su experiencia para una sucursal nueva que se inauguraría en otoño.  Esta oferta incluía un gran aumento de sueldo. El empleador le dio dos días para pensarlo.

 Hace tiempo que no pasaba nada en la vida de Jorge y su corazón, como hace mucho tiempo no pasaba,  latió mucho más fuerte.

Colgado el teléfono y en menos de 40 segundos, este sonó nuevamente.

Era su señora, que le comunicaba que un tío lejano había fallecido y como herencia le había dejado una espaciosa casa a la cual podrían irse cuando quisieran, dejando atrás su pequeña vivienda acogedora. Jorge le respondió que cuando llegara del trabajo al hogar discutirían acerca del tema. 

Tras cortar nuevamente, su jefe lo llamó a la oficina. Siendo claro, directo y mirándolo a los ojos le ofreció el puesto de gerente de  la compañía. Jorge le dijo que el ofrecimiento lo tomaba por sorpresa y que pronto le daría una respuesta, “Estas oportunidades no se pueden dejar pasar” le dijo su jefe.

Y así acabada la charla, y de vuelta en su legendario escritorio, nuevamente llegó otro llamado por teléfono, luego un email, carta, incluso un Fax y mensaje de texto.  Todas eran oportunidades para Jorge, un ofrecimiento, y otro y otro. Las oportunidades  más diversas llegaban sin parar.

Jorge, que nunca se había enfrentado a tomar tantas decisiones en su vida, se sintió aturdido y confundido, no tenía en realidad la más mínima idea sobre qué hacer. Mientras se tomaba la cabeza y se  tiraba los pocos pelos que le quedaban, nuevamente lo llamaban para ofrecerle algo,  y así siguieron y siguieron hasta que las oportunidades, al no ser respondidas, se acumularon al punto de tomar forma, llegando a tener vida propia.

Jorge aterrado intentó escapar de las oportunidades, las cuales sublevadas, lo persiguieron por toda su oficina. Las oportunidades que habían tomado el aspecto  de una Anaconda del amazonas, intentaron envolverlo hasta estrangularlo. Lo comenzaron a apretar y apretar. Jorge estaba muriendo,  por cada segundo que pasaba, la asfixia lo dejaba al filo de la muerte, al punto  que comenzó a pensar en cómo serían los discursos de sus amigos y familia en su funeral.

Jorge, aterrado y desesperado, perdiendo la consciencia y observando la luz al final del túnel se le ocurrió una brillante idea antes: Simplemente dejó pasar a  las oportunidades. No las aprovechó. Las tuvo pero decidió no tomarlas. Al instante estas se desvanecieron y Jorge recupero su aliento.

El arrugado empleado, fue donde su jefe, rechazo la propuesta de hacerse cargo de la gerencia, devolvió el llamado a la nueva empresa de autos y dijo muchas gracias pero no, y así con todas y cada una de las oportunidades que se le habían presentado ese día. Luego se sentó en su escritorio, relleno unos formularios de crédito para unos clientes que querían adquirir una camioneta, tomó su maletín y se fue a su casa antes de almuerzo decidido a no cambiarse de casa.


Jorge estaba tranquilo ya  que nada nuevo cambiaria en su vida, tal como él quería.

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