miércoles, 4 de noviembre de 2015

Homenaje a un filosofo desconocido


Un estudio de la facultad de filosofía de la Universidad de Paris, ha determinado la existencia de un hombre pensante de la antigua Grecia totalmente ignorado por los libros de historia.  

Nos referimos a Herodito, un singular filosofo que no logró nunca plantear sus fundamentos, siempre yéndose por las ramas cuando intentaba plasmar un cuestionamiento profundo.

 Muestras de este singular pensamiento son los escritos en persa encontrados por arqueólogos en unas antiquísimas ruinas griegas, en que se relata una conversación filosófica de exactamente 16 horas entre Herodito y un cocinero respecto a si el filosofo almorzara una ensalada de tomates o una de lechuga,  sin finalmente llegar a ninguna conclusión.

Herodito, quien según los investigadores era pequeño, calvo  y muy nervioso, lanzó su propia escuela de pensamiento sin mucho éxito debido a que las enseñanzas a sus alumnos duraban nada menos que casi una semana de corrido, sin nunca plantear nada concreto.

Otro escrito antiguo determina una intervención de Herodito en la Polis que duró exactamente un mes, tras un discurso de  análisis respecto al  origen del cosmos. Esto a pesar que la reunión era para determinar el lugar donde serían dispuestos nuevos campos para la agricultura.

La increíble capacidad de dispersión de pensamiento de Herodito lo llevó a ser un filósofo maldito, ya que al nunca concluir nada de lo que pensaba, sus colegas pensantes de la época lo trataron de loco y poco serio.
 
Aunque no se encuentra físicamente y no hay prueba científica, escritos de otros filósofos determinan que Herodito escribió alguna vez un libro y de este  tan sólo el titulo  tenía nada menos que 60 páginas.  De eso nada se conserva.

Anaximandro de Mileto, un filosofo contemporáneo anotó en su  único escrito fundamental una pequeña reseña de este filosofo “Herodito, aunque es una buena persona y los primeros 5 minutos de su hablar son más que interesantes,  ya cuando lleva 36 horas sin parar de filosfar acerca de algo que no tiene mucha conexión, no da para tomarlo en cuenta”.

Por su parte Platón habría dicho en uno de sus textos “Las palabras de Herodito nunca llegan  a nada. Aunque la pregunta correcta sería ¿Qué es la nada?”.

Aún así, según la investigación de la Universidad de Paris, Herodito habría tenido entre tanto rechazo un alumno y seguidor fiel. Se trata de Demagogos, un noble ciudadano de la Polis que habría sido la raíz del latín de la palabra DEMAGOGIA.  Un legado importante si se trata de un problema que nos afecta incluso en la actualidad.

No podemos entonces negar y homenajear el real aporte de este hombre de alta mente, que hablaba mucho pero no decía nada.  Podríamos decir que hasta podría ser considerado un filósofo adelantado a sus tiempos y lectura obligada para abogados y políticos. 


La Depiladora

Costumbre es de pueblo chico que todo se sabe. 

Pero en el  extraño poblado de Millar, al oeste de Llanquihue, el que no sabe lo que le pasa al vecino es casi visto como mala costumbre. 

Es que hay una razón: La Rosita Paillaken. La dueña y servidora del único centro de depilación del lugar y que tiene ese mal mundial de los que se “les cae el casset”.

Si en este pueblo es más importante la Rosita que el mismísimo “Expreso Millar”, diario de una plana que cuenta las novedades del acontecer de nuestro hogar.

Si entre cera y pelos se ha sabido cada cosa…..

Creo que la otra vez, la Señora Marta del almacén “Donde Maritita” a conciencia suya y con muuuuy mala intención, inventó un chisme para puro manchar el nombre de una clienta que no le pagaba un fiado hace meses. Y como la Rosita tiene ese mal del “Sanguchito de palta” todo el pueblo andaba pelando que la involucrada era buena para andar mirando y corrompiendo maridos ajenos.  Cosa que nunca fue.

La culpa es de las chiquillas que van para allá digo yo.  Ellas son las conversadoras y que cuentan cosas de más. Yo creo que la primera razón es que no las pescan en las casas sus “piernos”. La  segunda es que no tienen nada mejor que hacer que andar cuchicheando con la Rosita que por sus clientes tiene todo el tiempo del mundo.

Yo no sé que don sagrado tiene la señora que todos sus clientes le cuentan lo que sea.  Es como una sicóloga quizás. Entre rebajes, piernas enteras, medias piernas y la cháchara, cuanta cosa se ha sabido.  Y ella siempre serena, piola, aplicando la cera hedionda con mucho cuidado.

Me acuerdo que la otra vez quedo la tendalada con los cabros del liceo, cuando la Rosita contó que una lola de un cuarto medio se hizo la brasileña para sorprender al pololo. Luego se supo que el pololo las prefería a la antigua y esto causo burlas de los que supieron la noticia. Hasta la niña se cambio de liceo.  Eso a mí no me pareció. Las cosas intimas no se deben contar. A pesar de que el cahuín era bueno, no era para andar gritándolo a los cuatro vientos. Yo la otra vez vi a la Rosita y se lo dije. Ella estaba consciente de esto y me dijo “Para que me cuentan si saben cómo soy yo”. Igual le halle razón. La gente sabe, pero le gusta la cisaña o que sean reconocidos.

Si yo fuera alcalde y no fuera incompetente, le pondría una estatua a la Rosita. Una chiquitita eso sí. Un monolito de personaje ilustre. Sin ella seriamos otro pueblo triste que no tiene mucho de qué hablar.  Nuestras historias se crean con ella.


Millar será chiquito, pero tenemos un importante centro de telecomunicaciones a nivel mundial y  que es nada menos que un centro de depilación.  Donde atiende la depiladora Rosita.