lunes, 12 de octubre de 2015

Pesadilla 2

Nunca me había pasado. O sí pero cuando muy chico. Me refiero a gritar tras una pesadilla. Mi voz, mi vibración sonora, traspasó el sueño a la realidad.

Estaba yo en un juzgado como esos antiguos de la colonia que salen en las películas gringas. Estoy sentado al lado de mi abuela que lleva consigo una ropa similar a la colonia gringa, estilo Amish.

Mi abuela empieza a hablarme al oido de sus ex amigas que aparecen en el juzgado como espectadores. Todos la miran  y ella les saluda para luego decir algo malo contra ellas. "Esta gorda esa" "Que esta cambiada" y puras cosas así me comentaba.

En un momento un viejo ex amigo de mi abuela está adelante mio. Se parece a Robert de Niro, se da vuelta  y me dice "Tu abuela no cambia".

Luego miro para al lado y mi abuela se desmaya para adelante. Se percibia que había muerto por el golpe de su desmayo. Era como un muñeco de judas, un muñeco de trapo. Y ahí lloré y grité, hasta despertar en mi pieza a las 5 de la mañana.

Pesadilla 1

Primero veo partir a una amiga en un tren. Nos despedimos. Era tecnológico el tren. Como esos europeos. Azul y plateado. Era en una estación abierta. Como una estación que una vez me subí en Buenos Aires. No habìa pena, era como una despedida buena onda.

Después voy en la micro con una chiquilla cagados de la risa. Pienso que estoy en Valparaiso, en la Aduana, pero luego cacho y estoy en otro lado que no conozco pero similar a la Aduana. Es de noche y hay neblina. Nos bajamos de la micro. Yo estoy asustado igual por no saber donde estoy y por ser de noche. Ella está feliz aunque estemos perdidos. Aparece un taxi de esos amarillos que van a la Calera o que pasan en las calles de Nueva York. Ella lo hace parar.


sábado, 3 de octubre de 2015

La Sombra

Ernesto no podía creer lo que había hecho.  Al revisar su Watsap después de una noche con las malas juntas, se dio cuenta que le había mandado cerca de 3 mensajes muy hirientes a una chiquilla con la que salía hace algún tiempo.

-“La cague, nunca más tomó 6 tapitas de ron al seco”- se dijo a sí mismo.

 Su imprudencia alcohólica lo llevó olvidar en que momento había realizado la acción de escribir “Creo que ya  hemos salido mucho, es tiempo que me dis la pasada” o “No sé cómo soporto  hablar de puras weas durante 3 horas contigo”, y el mensaje final “AJSDAJDJGOMDFOGSMF VIVA EL COPETEaknsodakn”.

El joven alto, exageradamente flaco y de profundas ojeras  al cual apodaban “Fidodido”  tenía una expresión facial repleta  de vergüenza  y que combinada con una caña horrible no le hacían lucir un bonito aspecto.

Lo peor de todo. Los mensajes ya tenían el doble visto azul y ninguna respuesta. 

Fue a la cocina y se sirvió un gran vaso de agua. Su lengua estaba como un rio tras una larga sequía. En su mente retumbaba “¿cómo tan curado?”. Y luego se dijo a sí mismo la clásica frase utilizada desde tiempos inmemorables por los hombres y mujeres del mundo: “No tomó más”.

Rojo de vergüenza llamó a la chiquilla pinche para disculparse, pero ella indignada textualmente le dijo “Pégate una patada en el culo tú mismo, aweonao”.

Tras una semana aburrida de trabajo, solitario, soltero y triste llegó el san Viernes y recurrió a los amigos que incrementaban el gran defecto de “Fidodido”: la imposibilidad de decir que no al trago.

Y así entre tallas, pelambres y relatos nostálgicos, el copete volvió a entrar en el cuerpo de nuestro compadre.  Todos los atados se iban lejos, ya no importaban mucho. El volumen de las risas aumentaba, la sinceridad también. Y de vaso en vaso, de un momento a otro, se despertó nuevamente en su cama.

No recordaba cómo llegó allí. Sólo sabía que la había pasado muy bien la noche anterior. “Los amigos nunca fallan” pensó con una sonrisa dibujada en su cara a pesar de un hachazo mortal.  La expresión de congoja  se borró abruptamente al ir al baño y mirarse al espejo.

Un vistoso ojo morado adornaba su rostro. No sólo eso. Tomando consciencia de su integridad, descubrió diversos rasguños, chichones y cortes en todo su cuerpo.  

Una vergüenza emergió desde su estómago, todo indicaba que se había sacado la chucha de curado. Pero como de costumbre  nuevamente no recordaba su destino.

 Está era la gota que rebalso el vaso. La gota que rebalsó el vaso de todos los copetes que se tomó.

Como en un bolero de José Feliciano, tiró con fuerza su pelo haciéndole daño a su cuero cabelludo y desesperado gritó mirando al cielo del baño: ¡MALDITO COPETE! ¡NUNCA MÁS!

Llamó a sus amigos para preguntar qué había pasado y ellos nada sabían. “te fuiste dando jugo para la casa”  “ni siquiera quisiste quedarte a dormir acá. Yo te lo ofrecí”, “andabai odioso weon” y más comentarios de ese estilo emergieron desde el auricular de su celular.

Desdichado y con una mochila de culpas por su “Alzheimer alcohólico” se comprometió y sacó una hoja de papel y escribió con grandes y vistosas letras  “Nunca más copete, pero de verdad, nunca más”.

Para mala suerte, los astros le ponían la botella en su camino.  Una colega de la pega lo invitó a un matrimonio con barra abierta. 

Llegaron al lugar, y la fiesta estaba que ardía. Por sus ojos pasaron mozos con el exquisito ron con coca cola, las piscolas, las cervezas sudadas por el frio del congelador y varios otros menjunjes que crearon una ansiedad incomoda en el invitado.

Pero “Fidodido” fue valiente y con un vaso ´”sano” de Coca-Cola, que a la distancia parecía un ron, aguanto la música sin perder el equilibrio ni dar jugo.  Elegante y de terno estaba orgulloso de su acto de compromiso.  Lamentablemente  toda esta puesta en escena se desmoronó cuando fue al baño a hacer sus necesidades.

Justo cuando iba pasando  a su lado la novia del matrimonio con su traje blanco y cotillón, la mano de “Fidodido”  fue empujada por una fuerza extraña hacia el trasero de la mujer sin siquiera el tener intención de hacerlo.  Era como si le hubieran agarrado la mano para pegar con fuerza el prominente poto estilo pera de la festejada.  Y eso que no había gota de alcohol en su sangre y su sano juicio estaba intacto.

La novia  pegó  un grito más fuerte del que tendría en su  apasionada noche de bodas, cuando  sintió el tacto de “Fidodido”. 

-          ¡¡¡¡¡DESUBICADO!!!!!!- gritó la muchacha indignadísima, al punto que los candelabros del hotel donde se realizaba la fiesta se movieron como si hubiera habido un temblor.

Todos giraron sus cabezas al pasillo. La música se cortó con el típico sonido de un vinilo al que le sacan la aguja.   Fidodido pálido por el suceso se quedó inmóvil.  La gente se agolpó en el lugar preguntando qué había sucedido.

-          Les juro que yo no tenía intención- dijo tímidamente y con los hombros recogidos Fidodido

La gente empezó a murmurar que el alcohol había hecho estragos en el “Flaco Ernesto”

Pero la extraña fuerza mencionada anteriormente se hizo con él nuevamente  y fue directamente a tocar los senos de la festejada.  

Todos miraban extrañados los movimientos de Ernesto. El novio  indignado al percatarse de la escena fue directamente a golpearlo, pero cuando  ”Fidodido” lo esquivo ocurrió lo increíble.

El puñetazo del novio fue directamente a dar en la quijada de la sombra de Ernesto separando la silueta de su origen. 

Todos quedaron asombrados cuando la sombra huyó raudamente sangrando  por el cacho en el hocico. 

Sin poder creerlo y sin sombra, Fidodido fue a buscarla  junto al novio y los invitados.

No hay matrimonio sin escandalo dicen los entendidos.  

Tras recorrer casi todo el hotel, en un salón sin mucha luz la encontraron en un rincón llorando.

-          Le voy a sacar la chucha- dijo el novio.
-          Calma, sé que lo que hizo no estuvo bien, pero oye, es mi sombra-  dijo empático “Fidodido” y fue donde ella.

Al intentar darle una mano, la sombra como un perro herido, se alejó en un acto reflejo.  Estaba tiritando de miedo.

-          Tranquila- le dijo con tono acogedor Fidodido

-          ¿Tranquila?, yo te vi con un vaso de copete, ¡yo vi el roncola! pensé que estabas curado, mi plan era perfecto- le dijo con rabia la Sombra golpeando el suelo.

-          ¿Qué plan?- comentó extrañado Ernesto.

-          ¿Qué no entiendes?, Yo fui el que mando ese watsap a la mina que conocimos la otra vez, me daba celos de que tu estuvieras con ella y yo no. Yo fui el que te saco la cresta cuando estabas como piojo. Yo fui el que quería que le tocaras el culo a la novia. Yo te quería destruir Ernesto. Yo te odio y siempre he odiado ser tu sombra. Te quería muerto para ser libre.

-          Pero ¿Por qué? , ¿Qué hice para que me odiaras?

-          ¿Qué hiciste? , eres un borracho, aburrido, pintamonos y aun así tienes amigos que te quieren y gente que te rodea. Pero yo siempre quedo postergada y relegada a ser tu sombra. Lo odio.

-          Oye pero no tienes que ser así conmigo, yo no te obligo a nada. Yo soy como soy. Es más, si no quieres estar conmigo te puedes ir si quieres. Tomate unas vacaciones. Además, yo te debo mucho, gracias a tus juegos me di cuenta que tengo un problema con el copete y lo estoy dejando.

-          Menos mal.  Ya te imaginaba con una cirrosis y eso que eres súper joven fidodido. Deberías ser más consciente de tu cuerpo.

-          Si po. Tú  en el fondo me hiciste cachar que debo preocuparme más.

-          Entonces mi plan funciono al revés

-          Así parece ser

-          Oye y lo que decías antes. ¿En serio puedo tomarme unas vacaciones?

-          ¿Por qué no?  Puedo soportar estar un tiempo sin mi sombra.  Además para que quiero tener una sombra estresada.

-          Buena

Y  se dio esa bella imagen. La sombra de Ernesto “Fidodido” se separó de él y tomo cuerpo propio.  

El salón rodeado por los asistentes del matrimonio parecía set televisivo, ya que el novio, totalmente ajeno al percance acontecido hace breves momentos, comenzó a aplaudir, lo cual todos replicaron.
Y allí Fidodio abrazó a su sombra muy apretadamente perdonándose ambos.

 Luego carretearon. Se sacaron una foto con los novios llenos de cotillón. La sombra hasta lideró una coreografía de Axe que prendió la fiesta. Incluso le salió otra sombra pinche.  Ernesto por su parte, condujo a la casa tras la fiesta sin haber tomado nada.

Al llegar al hogar  inmediatamente cotizaron pasajes.  Ahí Fidodido se comprometió a comprarle a su sombra un pasaje al caribe para unas relajantes vacaciones.

Fueron tres semanas en que la sombra mandó diversas postales con paisajes espectaculares. “He conocido muchas sombras amistosas. Y me he relajado como nunca. Muchas gracias Ernesto, nunca más te abandonare ni te haré daño” decía con una letra pulcra.


 Fidodido sin su sombra leía muy contento las postales, siempre tomando un vasito de agüita pura, por si las moscas.

La Bibliotecaria

Aterrorizada. Así se encontraba la bibliotecaría cuando descubrió que ella no era más que un personaje de un libro de la biblioteca que organizaba.