Por el reportero internacional Jacinto Buenaventura (JB)
El intrépido y
sagaz reportero…… (nota del editor: El ego del reportero es tan grande que se
describió a sí mismo con epítetos tan pomposos como “La pluma dorada del
periodismo internacional” o el “ “Galán de las comas, acentos y puntos” por lo
que su descripción fue acortada con el fin de dar más fluidez al artículo)… El intrépido y sagaz reportero, se encontraba
investigando en Asia el tráfico de personas que eran utilizadas por grandes
magnates de la bolsa de valores china en el rubro del curioso fetiche sexual de
“EL ALMUERZO FAMILIAR”.
La excitación de
los millonarios, consistía en invitar a
sus esclavos sexuales a almuerzos con
sus familias, siendo por toda una tarde un miembro más de ella, sin la más
mínima sospecha por parte de esposa, hijos y suegros, que el humano sería
utilizado posteriormente para fines sexuales. Tras contar anécdotas, hacer
¡Salud!, y recordar viejos tiempos -que el esclavo debía memorizar prolijamente
con datos escritos por el mismísimo magnate-, se generaba una confianza plena
entre la familia del ricachón con el humano comprado, lo que producía en los
extravagantes hombres de dinero una sinapsis sexual en la psiquis, que generaba
orgasmos indescriptibles a la hora de copular debido al alto nivel de seguridad psicológica entre ambos seres.
Mientras el ágil y caperuso reportero investigaba uno por
uno los archivos personales de uno de estos magnates entre más de mil informes
revelados por Wikileaks, se percató de
una situación geopolítica internacional en la que estaba involucrado uno de
estos hombres y que había sido olvidada por los libros de historia. El magnate
era uno de los principales financistas del golpe de estado a una de las islas
fluviales asiáticas cercanas a Indonesia: la isla “Pequeño ensueño”, destino
turístico paradisiaco, parada obligada para parejas aventureras occidentales
que buscaban una luna de miel inolvidable.
En ese lugar, durante 5 largos meses y tras una
total desconfianza en el sistema
político de la pequeña isla, sumida en la corrupción, debido principalmente a
la idiosincrasia “poco seria” de la sociedad “Soñadora”- como son conocidos los habitantes
del lugar- se produjo un quiebre en la democracia. Desde Agosto del 87 a Diciembre del mismo año
se vivió una cruenta dictadura encabezada por un malévolo estereotipo de militar
maligno, el contralmirante Chang Fu Man. La primera autoridad de un país en la
historia del mundo que prohibió por decreto los chistes.
Pequeño
ensueño truncado
Los habitantes de
Pequeño ensueño (Nombre original ước mơ nhỏ) se caracterizan por un humor
rápido y agudo. La cámara de diputados estuvo
bromeando durante 2 años para aprobar un artículo del presupuesto acerca de las
autopistas, que en dialecto “Soñador” tiene una fonética similar a “Peo” lo que
levantaba diversas burlas entre los honorables.
Esto derivo en la crisis política del país y que acabó con el control
del estado por parte de los militares, rígidos como piedra y que tenían los
mismos intereses que varias empresas transnacionales. Ahí comenzaron los
problemas.
El 5 de agosto de 1987 cuando asumió el dictador Chang Fu
Man, una multitudinaria marcha se registró en el centro de la ciudad frente a
la “Plaza del descanso soñado” donde la mayoría de los asistentes portaban consignas en banderas, carteles y panfletos, con burlas picarescas hacia Fu
Man cuestionando su hombría debido a que siempre fue secreto a voces que el
dictador tenía una relación con un cadete de menor rango. Esto generó el decreto supremo numero 331 que suprimió los Chistes.
“Eran tiempos oscuros. El terror era pan de cada día. Yo
y mi familia no pudimos recuperarnos de la violencia del aparato estatal”
comenta Lang Po (56), una mujer que perdió a su marido tras ser acribillado por
agentes del estado, cuando estos vestidos de civil en un restaurant muy
popular, escucharon un chiste que Po realizaba acerca de su suegra. “Era una carnicería, primero prohibieron el
humor político y religioso que es entendible lo que se vivía en ese momento,
pero luego empezaron a prohibir los chistes de gallegos, de gangosos, hasta
esos clásicos de “Había una persona tan
pobre pero tan pobre….”, los militares habían perdido la razón” agrega esta
mujer violentada física y sicológicamente.
Según la Comisión de la verdad constituida en 1988 por la
ONU se determinó que más de 1000 personas fueron asesinadas la represión del
estado principalmente por contar chistes
elaborados, emitir bromas pesadas espontaneas y también por caídas que hacían
explotar de la risa involuntariamente a los que las veían. Una generación
completa de comediantes desapareció en la isla “Pequeño Ensueño”.
Nadie
se ríe acá
Uno de los más afectados por esta cruel dictadura fue
Charly Yu, uno de los humoristas más reconocidos de su época y que sobrevivió
en el exilio tras escapar de las garras del temible escuadrón del terrorismo de
estado “Los tontos graves armados” una organización paramilitar que dio caza a
todo el que hiciera reír a los demás. “Me
capturaron en una tertulia. En esa época oscura se realizaban encuentros de
humoristas clandestinos donde cada uno llevaba sus mejores rutinas. Un día creo
haber hecho mi mejor “performance” por lo que el público río tan fuerte que el
ruido alertó a un escuadrón que pasaba por el lugar. Entraron, y me capturaron”
dice con lagrimas en los ojos Yu, tal como la figura de un payaso triste.
Charly Yu sufrió horribles vejámenes del escuadrón y
tales fueron los traumas sometidos por estos hombres armados que el humorista nunca más en su vida pudo sonreír.
“Me quitaron la alegría de vivir, intento contar chistes, pero la gente me dice
“Ya no tienes gracia”. Hace años que no sonrió por miedo. Tengo apoyo
sicológico entregado por el estado pero no ha sido efectivo”. El triste hombre
agrega “Yo quiero que mis torturadores estén tras las rejas, poder contarles el
chiste del “turco que tenía la nariz demasiado
grande” y que no paren de reír. Ahí yo me daré por pagado”.
Tras el fin de la dictadura aparte de los muertos, miles
de “Soñadores” recibieron compensación monetaria y sicológica. “Veteranos de la
risa” son coloquialmente llamados los sobrevivientes de aquel aparato represor y
que perdieron la capacidad de sonreír.
Mientras tanto, el sagaz reportero en medio de la Plaza
de la isla, preguntando, averiguando, comprando suvenires con el viatico del
diario y curioseando, llegó a un conocidísimo local comercial de prostitución o
“Casa de señoritas de la noche”. En el lugar la “Mamita” o principal facilitadora de
muchachas- de la cual reservaremos su identidad- , tenía de cliente habitual a
un agente del maléfico escuadrón “Tontos Graves Armados”. “Acá el se liberaba. Reía hasta más no poder,
luego se acomplejaba mucho, reía tanto que terminaba llorando pero de pena,
decía que era una traición hacia la patria y su gobierno. Me decía que se
sentía sucio”. Tras pasarle una gran cantidad de dinero con fines totalmente
periodísticos a la mujer, está accedió a darle al reportero el domicilio del
hombre.
(Nota del editor: En el párrafo
anterior el periodista describe escenas de contenido para mayores de 18 con la
mujer a la cual entrevisto, por lo que se han omitido ciertas descripciones
para no dañar la sensibilidad del lector con valores morales más elevados).
Risas
Clandestinas
Mientras la dictadura recrudecía con sus medidas
sancionatorias contra la risa, el ingenio del pueblo creció.
El mercado negro de revistas de historietas
de corte humorístico fueron grito y plata. El editor del periódico “JAJAJA clandestino” Guang Gu Hendricksen,
nos recibe en su mansión de 8 pisos. El hombre vivió el terror de sobrevivir
con el peligro de reír, pero amaso una fortuna con las ventas del semanario
ilustrado. “Trabajábamos en silencio. Si
se te escapaba una carcajada estabas muerto. Nos juntábamos en distintas casas,
y una ONG internacional nos dio un contacto con una imprenta gubernamental aún
controlada por ex funcionarios
derrocados. Recuerdo que en la portada del número 30, sale dibujado el dictador
en 4 patas y atrás una sonrisa con forma humana como la boca de “Los Rolling Stone” se lo viola. Eran
ideas magistrales que si se publicaran en un contexto común serían muy
aburridas y yo sería muy pobre” afirma Hendricksen mientras se fuma un habano cubano
con un billete de 1000 sueños- la moneda local- y que equivale a una cifra
cercana a los 500 dólares. Hoy la revista continúa su tiraje y es la principal
voz del gobierno de turno de corte socialdemócrata.
Pero también estaban los llaneros solitarios. Aquellos
hombres y mujeres que sin apoyo lograron
ingeniárselas para sacar alguna carcajada. Es así que comenzó en las ferias
populares de verduras, la venta ilegal de chistes sueltos. Eran trozos de papeles
enrollados con cintas de colores, siempre anónimos, hilarantes y de menos de 3 líneas.
Podían ser feministas, machistas, de chinos, blancos, negros, religiosos, de dictadores
y gobernantes. Todo era de mano en mano, entre una lechuga o un rábano, con el
vuelto de la verdura. Si te pillaban leyéndolos, morías.
Estas piezas se exhiben
hoy en día en el Museo de la Memoria Risible.
“Estos chistes eran pequeños clamores populares. Trozos de papel escritos a tinta
china, muy precaria y simple. Según la
mitología popular, las bromas de grueso calibre, ordinarias, y que contenían
diversas derivaciones vulgares de la palabra “Pene”, se inventaron acá en la
isla, en esta práctica habitual de venta de chistes sueltos.
“En tiempos de guerra y de represión en la isla, la
creatividad era magistral” afirma Juana Zamora, curadora del museo, hija de
inmigrantes. “Uno que llegó desde otro
país a esta isla se da cuenta de las consecuencias de la dictadura. La gente
teme reír, le cuesta mucho mostrar los dientes.
Se reprimen” afirma Zamora.
Al parecer la tendencia está cambiando. El periodista en su búsqueda del capitán
general de los “Tontos Graves Armados”, pasó por la playa de la ciudad y se
encontró con unas bellas y risueñas jóvenes asiáticas lugareñas. Con ánimo de que
pudieran contribuir con la investigación periodística el reportero las invita unas copas. “Yo no
temo reír. Son los viejos los obsesionados con cosas que no se pueden decir”
dice Yang Che, una menor de 16 años que es parte de la nueva generación de
isleños que ya ha superado el trauma. “Eso paso hace mucho tiempo, nosotros nos
reímos por todo, no le tememos a pasarla bien o a decir algo chistoso (Ríe
coquetamente la joven). De hecho me sacare el bikini porque tengo calor. ¿Ves
nadie te dice nada?, En esa época esto era mal visto. Los tiempos han cambiado”,
dice Huang Pei otra joven de buena figura.
El periodista tras charlar sobre
música local y contemplar la figura de las muchachas desinhibidas que ríen y ríen
sin preocupaciones con los chistes que el reportero comenta. Decide ir a la calle Yang Pen, block número 14 del
conjunto habitacional “Risitas gloriosas”. Allí quedó de encontrarse con el
hombre que contara su verdad.
“Somos
serios ¡¿y Qué?!”
Todas las tardes se reúnen. Toman once puntual a las 19
horas, tienen directiva y están legalizados ante la ley. Son la “Organización
de adultos mayores serios”, fundada en 1990 y que defiende la obra del dictador
Chang Fu Man.
“Acá todos compartimos los ideales. La seriedad, que
conlleva no burlarse de ninguna creencia ni pensamiento. Esa es nuestra bandera
de lucha, y era lo que quería hacer la obra del general Chang Fu Man” Comenta el presidente de la
directiva Yang Yeng Yu octogenario hombre jubilado que entre las iniciativas
que ha encabezado en su mandato son hacer una calle con el nombre del dictador
y hacer un monumento a la seriedad. “La
risa lo único que trae consigo es herir al otro. Yo no me rio hace 20 años y
míreme, me siento estupenda” comenta la secretaria de la directiva, la señora
Yaimin Tamir (67) quien cuando pequeña sufría burlas de sus compañeros de
colegio por su complexión física. “Me decían que era más flaca que un alfiler
con anorexia, o que mis piernas parecían palillos para comer los fideos. Todos
se reían de mí y eso no es posible. Por eso apoyo al general. La risa degenera
a las generaciones” afirma la ofuscada anciana.
Hoy la agrupación tiene su campaña de recaudación de
fondos titulada “Somos serios ¡¿Y Qué?!”, a través de ella buscan levantar el
centro geriátrico más aburrido del mundo. “Somos muchas las personas adultas
serias. Queremos levantar un lugar donde la espera de la muerte sea como tiene
que ser, sobria. Donde ninguna carcajada exista. Porque lo que menos queremos
es reír a nuestra avanzada edad” afirma Yeng Yu. Al momento la agrupación ha
recibido 100 dólares que ya fueron gastados en la convivencia de fin de año y
en clases de baile entretenido para todos los afiliados.
El periodista luego de distraerse en cerca de 2
bares tomando cerveza para capear el
incipiente calor de la isla, llegó al domicilio donde se encontraría con uno de
los cabecillas de “Tontos Graves Armados” la policía secreta estatal más cruel
jamás conocida en el mundo. Golpeó la puerta un poco “entonado” (Nota editor:
La transcripción a mano de este episodio es casi ilegible), y ahí estaba él,
grande, calvo, con cara de pocos amigos,
con una musculosa para lucir sus lubricados bíceps tatuados con las más
horribles consignas anti humorísticas. Caritas tristes, MAL HUMOR escrito con
letras góticas, un corvo degollando a un payaso con cara de calavera, entre
otras brutales pictóricas impregnadas en su piel. Era él, y su pasado, tatuado
en el cuerpo. Con ceño fruncido y una actitud tan fría como el mismísimo polo
norte en invierno, dejó entrar al hábil periodista a su sobrio departamento.
Ataque
de risa con un ex militar serio
Hablamos durante 4 horas, una entrevista seria, digna de
la BBC de Londres. Hubo llanto, dolor, confesiones íntimas y revelaciones. Pudieron haber sido más horas de
conversación, el periodista y el militar
congeniaron bien. Pero en la vida, un pequeño error, un incidente
“Involuntario” o un mal cálculo, te pueden llevar al
infierno.
John Chang John (75) fue ex combatiente en Indochina en la época de
la invasión norteamericana. De guerra el hombre sabe y de dolor también. Su
resentimiento contra el humano y la risa comenzó hace años. Sus padres
participaban como payasos en los años 40 en el prestigioso circo “Espectacular” que dio giras más de 10 veces por toda Asía.
Chang We o El Payaso “Carta”
y Cheu John Chi o la payasita “Estampilla”
eran el dúo humorístico preferido de toda la atracción junto a la mujer con la
barba de más de 30 metros (Record Guinnes certificado). Su rutina -que hacia
reventar de carcajadas al público- consistía en que la payasito estampilla abofeteaba
atrozmente a su pareja, el payaso carta, cuando este, disfrazado de cuerpo
entero de una misiva, le era pegada violentamente una estampilla en su cara. El
público reventaba siempre con esta estúpida acción.
Pero un día algo
salió mal. El pequeño John- de unos 6
años aproximadamente -descubrió a su padre besando a la mujer traga fuego del
circo y lo acuso a su madre. “Mi mamá siempre le decía. ¿De nuevo llegaste con
olor a combustible?, ¿en qué andas metido? Y discutían y discutían hasta que yo
le conté la verdad, creo que era justo” comenta John. La madre entro en depresión y en un acto irracional
en un show donde el pequeño John estaba presente, ella en vez de pegarle con
una estampilla en la frente a su marido, inundada por los celos, le pegó con un
martillo, asesinando al instante al hombre. Hoy la mujer casi de 90 años continúa con
demencia senil en el manicomio de la isla. “Siempre la voy a ver, cuenta sus
estúpidos chistes de payaso loco. La odio. Destruyo mi vida” dice John
llorando.
-
¿Por qué la gente no debe reír John? – le
pregunta concretamente el periodista.
-
Porque la gente que ríe es peligrosa- John el
militar, habla de manera seca sin titubear
-
¿Por qué?
-
Detrás de toda sonrisa hay una mentira, se
escudan de algo. Esconden algo. No son verdaderos. Reír para mí es un mal de la
sociedad para ocultar sus problemas y eso el general lo tenía claro.
-
¿Pero crees que es necesario matar para
reprimir la risa como tú lo hiciste?
-
Las condiciones estaban dadas. El contexto lo
ameritaba. La patria lo pedía a gritos.
-
¿Cuándo fue la última vez que reíste?
-
Cuando Niño. De ahí nunca más, el mundo ha
sido rudo conmigo. Tengo los músculos de la sonrisa atrofiados.
-
Muchos creen que tú disfrutabas acallando las
sonrisas, que gozabas con eso. He entrevistado a personas torturadas por ti.
Dicen que cuando las ponías serias con tus efectivos métodos de torturas…tú reías.
-
Es que lo más triste del mundo a mí me hacia
feliz. No era reír, era simplemente
demostrar la felicidad que me causaba que otros dejaran de hacerlo.
El ánimo comenzó a
calentarse. Y los nervios eran evidentes en el entrevistado.
-
¿No crees que riendo se es feliz y tú con tus
secuaces del escuadrón de “Los Tontos Graves” destruyeron la felicidad de
muchas familias?
-
Este… yo creo que eso es lo “lanorm”
-
¿Perdón?
-
Lanorm
-
¿Qué?
-
¡LANORM! ¡RAE NORMLAM!
Era cierto. John CHung John, uno de los más peligrosos
militares del régimen también sufría dislexia extendida al habla. La extraña
pronunciación de la palabra “Normal” dada vuelta, y la entonación jocosa que el
hombre le daba a la enunciación del vocablo, causó una risotada en el
periodista (Que cuando asistía al colegio era uno de los principales niños que eran
enviados a inspectoría por burlarse de las deficiencias de sus compañeros de
aula). La risa descontrolada, caótica y ruidosa era tan fuerte que el hedor de
la cerveza que había tomado hace unos instantes atrás llegó hasta la nariz del
militar. La hilarante situación hizo que el reportero se cayera del asiento que
lo mantenía en posición de entrevistador.
-
JAJAJAJAJAJA- rió el periodista de manera
estúpida.
La ira en la cara de John fue increíblemente grafica,
poniéndose poco a poco rojísimo como un tomate ensangrentado. Años que el
hombre no escuchaba la risa, y el arduo entrenamiento militar y de inteligencia
al que el régimen lo había sometido,
siendo adiestrado como un perro, al momento de escuchar ese sonido tan
característico que produce la risa, la única acción en su mente era matar,
aniquilar o anular. El comando desenfundó en menos de 5 segundos la clásica
alemana Heckler &
Koch USP semiautomática y el departamento fue un caos sonoro y físico. Era un verdadero “Tonto Grave Armado”.
Desorbitados
sus ojos de sus cuencas, el irascible y desquiciado
militar disparó todos los cartuchos de su arma y la volvió a cargar para volver
a disparar. Tras descargar toda su furia contra el pobre periodista de bajo
sueldo (Nota editor: Te pagamos más que a todos los periodistas del diario, si
lees este mensaje en la publicación del artículo recuerda hacer la boleta, la
esperamos hace meses y ya tenemos problemas con el fisco)… el hombre de armas
se secó el sudor de su cara, su presión había aumentado al triple, tenía
hipertensión. La habitación se encontraba llena de humo, insonora y tensa pero
con un detalle nuevo: La puerta de la entrada se encontraba abierta de par en
par.
El
periodista sagaz, había logrado escapar de las mortíferas balas. Sus 10 años de
cubrir la guerra de Yugoslavia y en la que perdió un ojo, le estaban sirviendo de algo. Además según el mismo “Los reporteros tenemos
ese don de arrancar siempre de situaciones riesgosas. Yo he escapado de 5
relaciones que conducían al matrimonio. Quizás por eso nos dicen amarillistas”
reflexiono inconexamente cuando escapaba como una rata por el pasillo de los
departamentos huyendo para siempre del lugar, para no volver jamás.
Según
lo conversado con el lunático militar y en un off que el periodista romperá
ahora, fueron revelados el paradero de
los cadáveres de 20 humoristas desaparecidos de la dictadura y que el mismo
John Chang John “se encargo de borrarles la sonrisa para siempre”. Terminado
este artículo el hombre fue denunciado por el entrevistador ante las
autoridades y tras un juicio que tenía que ser ejemplificador para contribuir a
la unidad de la nación fue condenado a cadena perpetua. Antes de que se lo llevaran a su celda, el
militar afirmó desesperado“¡TE BUSCARE Y MOLERE TU CARA DE BORRACHO A GOLPES
MALIDTO JACINTO BUENAVENTURA!”. Un enemigo más en el mundo se había ganado el
periodista, pero la misión de la verdad estaba cumplida.
Riendo toda una noche
27 Diciembre del 87. Las opiniones de los isleños casi
son todas coincidentes a la hora de la pregunta ¿Te acuerdas de esa noche?
-
“Lloré de la risa” dice una mujer de 40 de
muy elegante vestimenta.
-
“Borracho con mis amigos estuvimos bromeando
tres días” dice un cincuentón en un bar.
-
“No podía dormir por las carcajadas de la
gente. Era impresionante” comenta una
anciana que le da comida a las palomas en la plaza del descanso soñado.
La presión nacional e internacional era cruenta para la
malograda dictadura de Chang Fu Man en
diciembre del 87. Protestas día por medio contra la represión del régimen hacia
los chistes y unos índices de popularidad por los suelos en las encuestas,
principalmente por el incidente de Noviembre de ese año.
“Deje de creer en el régimen tras ese exabrupto” dice el camarógrafo Huan
Tan Tan de la televisión nacional “Soñadora”, canal 14, quien grabó el incomodo momento. Tras estar siendo emitido un mensaje en
cadena nacional en vivo acerca del aumento de impuestos en la población
discapacitada, el dictador no pudo contener una leve sonrisa al ver -según
fuentes extraoficiales- la cara somnolienta del ministro de guerra del
gobierno, el Almirante Feng Shan Hu que sufría del mal de la Narcolepsia y que
roncaba sin remedio. Eso le resto una
credibilidad enorme a la dictadura que se suponía era la más seria del mundo. Sin el apoyo popular, la junta militar
dimitió, escapando al exilio.
Aquella noche miles de Isleños salieron a celebrar a las
calles. Según dicen los nostálgicos: allí se acabó una era. Comenzaron los
noventas. “Se luchaba por algo, se luchaba por reír, y tras el desahogo todo
volvió a ser lo mismo, creo que lo que tuvo de bueno la dictadura es que
apreciamos de verdad lo que era sonreír de las cosas simples con la familia y los
amigos” dice el dirigente de la oposición a la dictadura Chin gua Ya quien en
años posteriores ocuparía el puesto de ministro del Interior.
La noche de luna llena en que cayó el régimen, las
carcajadas resonaron a niveles estruendosos. El geólogo Fang Yang describe el
fenómeno que se produjo esa noche “Las carcajadas de los miles de “Soñadores”
fueron tales que las vibraciones en el mar generaron un pequeño maremoto que impacto
a la vecina Isla “Del Encanto” a uno 18 kilómetros de acá, incluso hubo
heridos”.
Según cifras del Ministerio de
Salud, cerca de 100 personas murieron al asfixiarse por ataques de risa” principalmente
provocadas por chistes muy bien contados e ingeniosos, o porque se levantó la
polémica prohibición de hacer cosquillas.
Dicen muchos habitantes que fue la noche más alegre de sus vidas. “Nunca lo olvidare, recuerdo que tuve que ir
al hospital al día siguiente y créame que éramos varios los que tuvimos que
operarnos de urgencia porque nuestra mandíbula se desencajó y no la podíamos
mover” cuenta Kim Jang Wan un anciano local que vivió esa noche junto a varios
amigos opositores al régimen.
El dictador Chang
Fu Man vive hoy en día en una isla
cercana a su tierra natal. Nunca fue condenado por sus crímenes y según las
últimas informaciones de la prensa local ha invertido dinero en los bancos
“paraísos fiscales” de su natal “Pequeño
Ensueño”.
“Ahora es él quien se ríe de los lugareños, como Soñador,
yo sueño que pague por lo que hizo, que fue quitarnos la alegría de bromear por
todo, de ser felices.” afirman derrotados la mayoría de los “Pequeños
Soñadores” lugar que alguna vez se
convirtió en el lugar más serio del mundo.
Jota Be.-