El fútbol. Para los que se lo
toman en serio, para los que lo sienten como una forma de vida, para los que le
atribuyen características propias de cualquier religión y que muchas veces,
configura un importante sentido a la existencia; para ellos, un partido por la
copa, suele ser un acto supremo.
Es en este momento que la
trascendencia se hace terrenal al momento de ganar. La estrella, símbolo del triunfo, finalmente queda para la posteridad, cuando se ve
estampada en el escudo del club.
Es en estos partidos en que El
honor, “dar la vida por los colores”, mojar la camiseta, y no “cagonear” son
fundamentales para quedar en los libros de la frágil historia. Caer en uno de
estos pecados, para la afición, es por lo mínimo una actitud que no te hace
merecedor de estar en ese templo llamado cancha. Para el jugador, puede significar la desdicha
de caer en ese limbo llamado “BANCA”.
La historia de Jimmy “Chiquito”
Mardones tiene algo de todos estos ingredientes.
Se jugaba la ida de la final de
los campeonatos de clubes de los cerros.
2-2 decía el marcador, en un
partido de infarto entre el verde e histórico Club “Invencible” y los elegantes
morados del Deportivo “Marsella”. La
hinchada con sus bombos y bengalas se apretujaba en esas galerías añejas que
por milagro no se caían. La señora
María, fiel hincha del Invencible por más de 30 años, era la que más alentaba: “¡VAMOS CHIQUILLOS, QUE LES
GANAMOS A ESTOS CUICOS!”, sus gritos eran más chillones que cualquier bombo.
Y el Jimmy agarró la pelota.
Su elegancia y creatividad en el juego, su
serenidad y frialdad para dar los pases, y una velocidad de atleta olímpico que
lo hacían un jugador curioso por su metro 60 y sus 20 años de edad, era carne
fresca para veedores que venían de Santiago a buscar talentos.
En una buena jugada colectiva,
que partió desde atrás, con pases sacados de playstation, equis, triangulo,
cuadrado….Jimmy “el chiquito”, quedo solo frente al arquero del Marsella. Ambos se miraron al mismo tiempo en una
fracción de segundo, Jimmy cambió su vista al ángulo inferior izquierdo….iba a disparar….pero
una jugada salvadora del defensa “Flaco” Herrera, quien era un hachero que
debería ser encarcelado por la policía, trabo el pie izquierdo de Jimmy y
desestabilizó al pequeño creativo.
La pelota a las nubes y el
árbitro cobra penal. Amarilla para el flaco de 2 metros y las pifias del
público del Invencible que era local en este partido de ida.
Jimmy se hizo cargo. Quedaban
cinco minutos para el final. El jugador estrella tenía esa responsabilidad de
la que se ocupan los grandes. El arquero del Marsella, Carlos Peña, “Peñita”; quien
no tenía grandes cualidades, salvo una labia increíble para cagar “del mate” a
los rivales con dichos despectivos de toda índole, comenzó su “bla bla”.
-“¡CAGON, TE VAI A CAGAR, MARACO,
ERIS NIÑITA, NUNCA VAI A SALIR DE LOS POTREROS WEON MALO…¡CAGON!”- Gritaba el
pesado arquero.
Jimmy lo miro a los ojos, y le
hizo una mirada como diciéndole “perro
que ladra no muerde”.
Todos en sus posiciones, silencio
en el estadio, salvo por un sonido del que solo Jimmy se percató. Era su
estómago. Algo estaba reclamando, algo estaba indigestándose ahí adentro. Un
fuerte retortijón se coordinó con el silbato del señor juez.
Jimmy con la cabeza en dos
frentes de conciencia, su guata y el arco, disparó a lo que viniera.
DERECHO Y CRUZADO.
Y el balón surco los cielos, cual
Messi en la final de la copa américa 2016.
La risa del arquero, feliz por el
error del rival, se desdibujo cuando vio la cara de su contrincante. Pálida y
sin ningún gesto. Viéndolo más de cerca,
Peñita quedo estupefacto y luego estalló en una incontrolable risa. Su rival,
el Jimmy, LE CHORREABA UN HILO DE CACA LIQUIDA POR SU PIERNA.
SU SHORT Y LA CANCHA TENIAN UNA
ESTELA CAFÉ ASQUEROSA.
Peñita como no era muy prudente y
además era poco atinado, grito a los cuatro vientos: “¡CACHEN, EL CULIAO SE
CAGO DE VERDAD GUAJAJAJAJJAJA!”
Todos los rivales e incluso
algunos compañeros de equipo se rieron del Chiquito Jimmy.
El partido siguió y Jimmy apenas
podía moverse por estar todo cagado y hediondo.
En los 5 minutos restantes de
partido, todos los pases y jugadas terminaron en nada, con un Jimmy totalmente
desmoralizado y solo con la mente en que terminara el partido para cambiarse
los calzoncillos.
“Ya po Jimmy, muévete po, si
empatamos la tenemos difícil allá de visita” le dijo su partner “el lindo” Fernández,
que en realidad era feo de “caracho”.
El DT, Jorge Marchant, quien era un
viejo barrigon, bueno para el asado,ver partidos de fútbol por la tele y
fanático del técnico Marcelo Bielsa (tanto así que imitaba su acento argentino
cuando se enojaba) estaba fuera de quicio con el Jimmy.
-“PIBE, ENCHUFATÉ BOLUDO, CARAJO, PONELE HUEVOS, MOVETE PIBE” decía
el técnico más chileno que los porotos.
Fin del partido. Dos a dos. Buen
resultado para el Marsella. Difícil vuelta para el Invencible.
Jimmy avergonzado corrió hacia el
camarín y fue directo al baño. Estuvo cerca de 15 minutos cagando. Su estómago
se vació por completo al igual que la lata de desodorante ambiental que ocupó
el jugador para disimular el horrible olor.
Cuando llego con sus compañeros,
todos lo miraron de reojo, disimulando sus risas y la vergüenza ajena. Jimmy
como era de costumbre no pronuncio palabra alguna. El que rompió el hielo fue el DT. “Para la
vuelta juegas con un papel confort en el bolsillo ¿ya? JAJAJAJAJJA” y todo el
camarín explotó de la risa.
Excepto
Jimmy que para conmoción de todos, le
cayeron unas lágrimas por sus ojos.
El técnico entro en cólera:
-JIMMY PIBE, NO PODES SER TAN
MARICA, PONETE DE PIE, ACA SOLO HAY GANADORES VISTE, NO QUIERO PERDEDORES QUE
SE PONEN A LLORAR COMO NIÑITA CON EL CORAZON ROTO, Y POR UN DESCUIDO DEL
ORGANISMO. ¡POR FAVOR NENE!
- Pero profe, usted no sabe lo
mal que me siento. Le falle a mis compañeros, al equipo, me cague cuando no
tenía que hacerlo. No sirvo para esto.
- Jimmy tenemos una semana de
entrenamiento para la gran final de vuelta, quiero que te recompongas, te
necesitamos óptimo po culiao.- Dijo el DT ya regresando a su normal habla
chilena.
- Hare lo que pueda profe, pero
siento algo como en mi alma. Algo cambio ahí- Dijo con un hilo de misterio en
sus palabras. Era una clásica característica del Jimmy.
Para peor, los del Marsella, que
se caracterizaban por sacar ventaja de todo lo que fuera extradeportivo,
filtraron la noticia a los diarios de la región. Para humillación del Jimmy, el
diario local “el amarillista”, evitando hablar de temas relevantes de la
contingencia nacional, puso en portada: “NO ALCANZO A LLEGAR AL BAÑO. A Joven
promesa le jugo mala pasada su estómago en final de fútbol de barrio”.
Jimmy pasó rápidamente de ser el
tierno “Chiquito” bueno para la pelota a ser el “Cagon”, el que se perdió el
penal al último minuto y se hizo caca. Un lúgubre cambio de status.
Al “Cagón”, el peso simbólico de
esa situación lo afectó mucho. Toda la semana antes del partido se le vio ido
en los entrenamientos. No corría como leopardo, ni pedía la pelota para ser
protagonista de la jugada. El DT
Marchant, iracundo le grito docenas de veces “BAJÁ A LA TIERRA BOLUDO, QUE EN
LA LUNA NO HAY PAÑALES”.
En la mente del Jimmy todo era reproche.
“Nunca voy a lograr ser el mejor. Nunca me van a respetar mis compañeros. Nunca
podre meter el gol. Nunca voy a cumplir mis sueños. Nunca me querrán. Nunca
volveré a ser el que era. Nunca fui bueno. Nunca aporté. Nunca seremos
campeones. Nunca. Nunca. Nunca…”
NUNCA.
Esa palabra se le incrusto en su
mente. Su subconsciente lo atormentaba.
Por las noches, soñaba con mojones gigantes con poleras del Marsella que
lo atacaban y lo insultaban. O peor. A
dos días del partido final, tuvo la peor pesadilla de su vida.
Se vio a él mismo, chiquito, en el borde de la
taza de un wáter gigante caminando, reflexionando, cuando en eso se resbala y cae
al agua. Ahí el arquero “Peñita” del Marsella, gigante como Godzilla, y riendo
con su pesada voz, tiraba la cadena sin compasión mientras Jimmy se ahogaba.
Luego de esto caía por las
cañerías para encallar en un choclo incrustado en una caca seca que le salvó la
vida de morir ahogado en el alcantarillado. En eso aparecía su DT en formato rata y psicodélico. Lo
comenzaba a increpar y decirle burlón con sus largos bigotes y cola larga:
“CAGON, JAJAJAJAJAJA, BOLUDO COCETE EL OJETE ¿O PORQUE NO TE PONÉS UN CORCHO DE
ESE VINO TAN BUENO QUE TIENEN USTEDES LOS CHILENOS?” Luego de eso aparecían otras
ratas con la cara de los compañeros del equipo que le decían al unísono “YA NO
CONFIAMOS EN TI. CAGÓN. NO TE LA VAS A PODER NUNCA”.
Tras despertar, sudado y
asustado, Jimmy ya no pudo soportarlo más. Estaba en una verdadera crisis
existencial de la caca. Al entrenamiento
del día siguiente fue con una decisión.
Reunió a sus compañeros y al DT
en medio de la cancha de tierra.
“Amigos, compañeros y profesores.
He decidido retirarme del fútbol. No creo ser capaz de aportar al equipo.
Muchas gracias”.
Todos quedaron estupefactos. La
cara del DT enrojeció y su acento argentino se marcó mucho más que de costumbre.
“AHORA SI QUE TE ESTAS CAGANDO DE
VERDAD BOLUDO, ME DAS VERGÜENZA, PECHO FRIO” le dijo con su particular forma de tratar a sus dirigidos.
Todos los jugadores se miraron y
comentaron lo sucedido con susurros. Nadie apaño al Jimmy, ni su amigo el
“Lindo” Fernández.
Reprimiendo su llanto amargo, se
fue a la sede del club a formalizar su desvinculación.
Como si tuviera una nube negra,
vago por los cerros, con el cuerpo pesado y lento. Los conocidos del barrio en modo de broma
pesada, al verlo le tiraron unos pañuelos desechables. “POR SI ACASO” le gritaron.
Al llegar a la sede del club, la señora María,
la anciana hincha del club que estaba gestionando la compra clandestina de
bengalas, lo vio entrar con su cara pálida y desvalida.
-
¿Jimmy? Mijito que le pasa, ¿le paso algo a su
mamá?
-
No señora María, es que me vengo a retirar del
fútbol.
-
¡QUÉ! Pero si usted es el mejor jugador del
equipo. Entre nosotros, para callado eso sí…creo que los demás son puros
paquetes. Usted le pone la magia a la pelotita pues cabrito.
-
No, si soy un cagon, me cague y los cague a
todos ustedes, en especial a los
hinchas.
-
Jimmy –suspiro la señora- un hincha podrá ser
pesado, o podrá pasar facturas cuando no debe, e incluso tratar de cagón o
pecho frío a los jugadores. Pero si la persona que nos representa en la cancha
tiene la ilusión en sus ojos, de defender al club con honor, con valor, y sobre
todo con amor a la pelota; como lo hacían los campeones del 74, del primer
título; Que usted Jimmy, se cague, literalmente o como metáfora, da lo mismo.
-
¿Usted cree?
-
Te dare un consejo: En mis años de vida nunca le
he hecho caso a los hueones. Siempre he
ido por la mía y no me ha ido tan mal. Además yo siempre digo “TODO SE DEVUELVE EN LA
VIDA”. Ya van a ver los que te agarraron “pal
webeo”
-
Usted debería ser DT del equipo señora María.
-
Es que el viejo Marchant es un viejo culiao po
Jimmy, no tení que hacerle caso a ese wea, si con cuea ve fútbol por la tele,
no sabe nada de dirigir. Si cuando éramos chicos nunca le achunto a ni una
pelota.
Un poquito de luz ilumino la
carita triste y pecosa del Jimmy.
Volvió al entrenamiento. Se
desdijo de todo y fue bienvenido. “Te duro poco el retiro Jimmy” le dijo su
compadre el “Lindo” Fernandez.
Domingo en la cancha del
Marsella.
A menos de dos horas del partido,
el enigmático y malévolo DT del equipo Morado, el descendiente italiano, Franco
Arriola, con su gabardina negra y su mostacho vistoso, entró al camarín del que
sería su rival, “El invencible”.
Estratégicamente, el maléfico DT,
puso las camisetas de sus rivales en orden, y a su lado puso para cada jugador
una botella de agua. En el estadio del Marsella se destacaban por hacer este
tipo de gestos, y por eso la comunidad futbolística los trataban de “Europeos” o “Levatados de Raja”.
De elegancia el hecho no tenía
nada.
En el puesto de Jimmy, Arriola
abrió la botella con agua del jugador, y con tácticas sucias ochenteras, a lo
Carlos Bilardo o Lucho Santibañez, echo unas pastillas de Laxante que se
disolvieron rápidamente en el líquido.
Una risa malvada se escuchó entre los camarines. Hace una semana atrás
también había hecho algo similar en el estadio visitante.
2 horas después en el camarín. El
DT Marchant analizaba tácticamente el partido e informaba una decisión: “JIMMY
VAS DE SUPLENTE”. Resignado, Jimmy aceptó. Su show del “retiro anticipado” en
el entrenamiento le costó caro.
El partido comenzó con harto
roce. Nadie se respetaba y el partido era al ataque 3-4-3 en ambas formaciones.
0-0 hasta el segundo tiempo. 7 jugadores con amarillas. 6 tiros débiles al
arco. 2 córners para cada equipo.
Jimmy en la banca, estaba sereno.
La charla con la señora María, que gritaba descontrolada en la tribuna,
respondiendo los canticos de la hinchada rival, le habían hecho ver otro punto
de vista de su situación. Al mismo tiempo
que pensaba esto, ya se había tomado
casi toda su botella con H20.
De la serenidad, el nerviosismo
lo inundo, cuando comenzando el segundo tiempo, y con una buena jugada que casi
termino en gol del Marsella, unos leves retortijones empezaron a sonar en su
estómago mientras calentaba al borde de la cancha. Para peor, en ese momento
Marchant, tomo la decisión: “Petizo Mardones, entrá, abrí espacios por la
derecha, el “pelotudo” de su lateral anda puro “boludeando”, confiamos en ti
pibe” le dijo iracundo el DT.
Con temor se puso a punto con la
camiseta verde y el escudo del “INVENCIBLE FOOTBALL CLUB”.
Más de 60 años de historia y
podía ser su segundo campeonato barrial.
Al ver la afición del Marsella
que Jimmy “El cagon” Mardones entraba al campo de juego, se escuchó un rugido
al unísono de la hinchada rival con la clásica melodía:
“¡¡¡OOOOOOHH AHÍ VIENE EL CAGOOOOON, ELLL CAGOOONN, ELLL CAGOOOON, AHÍ
VIENE EL CAGÓN!!”….y en eso entró el bombo a poner emociones y casi todo el
estadio se puso a cantar “¡¡¡¡¡¡OOOOOOHHH
SE VIENE UN CAGON, UN CAGON, UN CAGON, SE VIENE UN CAGOOON!!!!!”.
Para Jimmy los canticos no
importaban tanto como los gritos de su guata, cada vez más potentes.
La historia es circular dicen y
en este caso todo se volvía a repetir como hace una semana atras.
Jimmy entró inseguro, todos sus
rivales al pasar a su lado y por orden del DT rival, le tiraban pedazos de
papel confort. “Pa que te limpis la raja
cagon culiao”, “Tay hediondo weon ¿Te
cagaste?” “Chuchetumare me dai asco”
eran algunos de los insultos que recibía a cada momento.
Era una guerra psicológica contra el pequeño jugador.
Pero al ver a la señora María
agarrándose a combos con una hincha del club rival, y a un pequeño puñado de
hinchas del Invencible entonando el clásico “HAY QUE DEJAR LA VIDA POR LOS COLORES” su mente se enfocó ya no en su estómago y sus
recuerdos de hace 1 semana. Retomó su
sana confianza y su magia con el balón. Su mente era una pelota redonda, su
pensamiento era EL FÚTBOL.
Minuto 80, Y Jimmy es figura del
partido, pero al mismo tiempo está que se caga.
Mientras maneja el balón cortésmente por el sector derecho habilitando a
sus delanteros, se le escapa uno que otro peo.
Por el momento nadie se percata. Con la mente en el juego y otra en su
culo a punto de reventar, le provocan una fea falta en el borde del área rival.
Jimmy se levanta apenas. Heroico y quijotesco afirma “Yo lo
tiro”.
Sus calzoncillos ya estaban con
algunas chantadas de camión o como comúnmente se le conoce “challa”. Era verdad
lo que le ocurría. Se estaba haciendo caca seriamente. Ahí ocurrió una
contradicción curiosa: si bien, físicamente se estaba cagando, en la cancha,
estaba demostrando no ser efectivamente “un cagón” o pecho frío. Su fe en el
equipo, le daba fortaleza mental para no cagarse.
Se puso frente al balón. 20 metros
de distancia. El estómago de Jimmy era una guerra civil. Su sudor ya empezaba a
ser frio… ese sudor: violento, dramático, de cuando “ya estai que te cagai” y no hay baño cerca. En su mente el crack
pensaba “Este es el fin del mundo. Se acabó todo. Voy a cagarme, es definitivo.”
Todo se volvió en cámara lenta…..
“Adelanten la barrera” gritaba
Peñita el arquero. Jimmy, “el chiquito”
Mardones, miro arriba al ángulo derecho. Pálido, sudoroso y con la guata a
punto de explotar. En su calzoncillo, el infame mojón se escondía y se asomaba,
se escondía y se asomaba, cada vez más rápido.
El árbitro dio el pitazo y Jimmy
dio unos pasos para tirar el tiro libre.
Al mismo tiempo, en la galería
visitante, la Señora María gritaba “¡AHORA MUCHACHOS!” Y todos los hinchas
sacaron bolsas llenas de caca de perro, que lanzaron a la gradería de los
hinchas rivales. “TODO SE DEVUELVE EN ESTA VIDA” recordaba la señora María en ese momento,
palabra que le había dicho a su regalón el Jimmy.
Y en la cancha, Jimmy con una
confianza en sí mismo que llegaba a iluminarlo con un aura celestial, le pego a
la pelota como si fuera Ronaldihno en el mundial de Corea Japon 2002, Brasil –
Inglaterra. Le pego a la pelota con maestría.
Eso sí…. a cambio de soltar todos
los esfínteres.
Verán. ¿Cómo les explicó? La
imagen quizás es un poco fuerte….. Bueno les diré tal como fue: Tras pegarle al
balón se gestó una explosión de caca en el campo de juego.
La barrera de jugadores quedo
toda manchada de café y hedionda. El short de Jimmy quedo rebalsado en mierda.
Y el balón, el bendito dios del futbol, quedo con unas manchas de líquido color
café, que hizo a la pelota escurridiza. Tanto así que cuando el arquero Peñita
voló para atajar el tiro, el balón se le
resbaló de sus manos.
Fue golazo.
Fue el gol más oloroso de la
historia del fútbol.
Fue el campeonato ganado por un
cagón.