El torpe cosmonauta lamentaba su negligencia. Una mala
maniobra al realizar la caminata espacial para reparar un reactor de la nave
“Nautes Dos” lo tenía ahí, flotando en el vacío, esperando la hora final en que
el tanque de aire de su traje se terminara.
Apago el intercomunicador. Ya no soportaba los alaridos de
su compañero de misión Giovanni
Makarenko, que gritaba desesperado que haría “algo” por rescatarlo de la deriva
cósmica.
Fue sumiso ante su final. Cerró los ojos y espero. En el fondo, estaba cumpliendo su sueño,
moría en la suya. Desde que le dio la mano a Yuri Gagarin en la expo espacial
de Moscú del año 66 sabía que su destino era el infinito.
Su mente estaba en paz, ningún pensamiento lo atormentaba y
hasta logró una quietud metafísica mientras flotaba en la inmensa nada. Es
quizás por eso, que lo contactaron.
Maravillado con el milagro físico de la tele transportación,
se encontró en medio de la nada, la verdadera nada, blanca como nieve de los
andes. “Estas ahora en el vacio” le
dijeron telepáticamente ellos.
“¿Por qué me han traído hasta acá?” pregunto el cosmonauta.
Y agregó “¿Por qué un humano tiene la
oportunidad de ver esta maravilla de la creación?”. Ellos lo miraron de manera
seria pero acogedora y se acercaron lentamente. “Tú no eres el primero” le
dijeron.
Y como despertando de un profundo sueño. Se vio nuevamente
en el espacio flotando, con una diferencia. Algo se acercaba rápidamente hacía
él.
Era la imponente
estación espacial China “Tiangon 00”, puesta en marcha en el año 2000 en
estricto secreto. Solo los altos mandos del planeta conocían este proyecto que
pretendía llevar a una tripulación de “Taikonautas” a conquistar nuevos
planetas.
Un brazo robótico lo tomó
y lo llevó hasta la instalación. Maravillado por la asombrosa
tecnología, el Cosmonauta perdió todo interés en el bello espectáculo de
maquinas cuando se vio rodeado de tres militares espaciales que lo apuntaban
con unos rifles de asalto.
“¡IDENTIFIQUESE! ¡CÓMO ENCONTRÓ NUESTRA NAVE!” dijeron con
un tono grave y severo los tripulantes chinos. Adoptando lenguaje del código internacional de
viajes espaciales explicó su incidente en el “Nautes dos”. En un tono más suave
los chinos extrañados preguntaron “¿Es usted parte de la misión 0?”
El cosmonauta extrañado no supo que responder. En los
pasillos del centro militar de entrenamiento algo se comentaba. Un proyecto mundial clasificado en el que sólo los altos rangos
militares podían acceder. “Nadie llega
aquí porque sí” se escuchó una voz femenina desde una bocina de un
intercomunicador. “Tráiganlo al sector 6v” repitió la mujer. Los chinos condujeron al ruso hacia los
niveles superiores sin dejar de apuntarlo con sus armas.
La compuerta se abrió y estaba ella esperándolo en una larga
mesa de conferencias. Se trataba de la comandante Xi Luan, experta doctorada en
ingeniera del régimen comunista con especialización en la NASA. “Aleksandr Samédov, cosmonauta, 56 años, nacido
en Moscú, notas sobresalientes en su entrenamiento espacial. Doctor en
ciencias. Es sorprendente que alguien de su edad esté en condiciones de hacer
viajes espaciales, ¿Cómo llego hasta acá
señor Samédov?, nuestros registros gubernamentales no lo contemplan en este proyecto y nuestras coordenadas no son
detectadas por otras misiones espaciales” le dijo muy seria la menuda mujer asiática.
Sin saber que responder, Samédov explico nuevamente su
incidente torpe en la nave y le agregó al relato su experiencia mística en el
vació. “Entonces ellos lo trajeron”
replicó la erudita asiática y agregó que “Usted tiene el deber de decirnos el
punto exacto de su comunicación con los seres extraterrestres”.
El cosmonauta ruso pregunto curioso “Ellos me dijeron que ya
habían hablado con “nosotros”, ¿Eran ustedes?
¿Esta nave es la que ha logrado contactarse con seres de otra galaxia?”. Xi
Luan incremento su seriedad, el ruso percibió que estaba ante algo bastante serio.
“Vera señor Samédov, lo que nosotros estamos intentando
ubicar acá es algo serio y por eso los
líderes mundiales lo han intentado ocultar” dijo la científica, las sospechas
de los rumores acerca del proyecto que se comentaban en el entrenamiento
espacial al parecer eran ciertos.
“Durante más de 30
años hemos estado buscando no sólo vidas en otros planetas, ese es sólo el principio
y hace 10 ya lo conseguimos, los seres que usted contacto trabajan con nosotros”
afirmó la científica. El ruso no lo podía creer. “Ellos son parte de algo más
grande. Lo que queremos hallar es el
inicio, el punto 0, lo que la ciencia aun no ha logrado determinar: El misterio
de la creación, ellos también lo buscan,
es un trabajo en conjunto con seres de otras galaxias” afirmó firme y erudita
la científica.
“¿Y yo que tengo que ver en esto?, ¿por qué llegue acá sin
saber esto?, yo fui enviado al espacio con otros propósitos. Con propósitos científicos”
afirmó shockeado el ruso.
“Usted inexplicablemente se hizo con el vacio, se combino
con él al tener su involuntario accidente, se generó algo. Nuestros radares han
determinado una onda de fuerza física impactante, superior a todo, incluso a
los experimentos del colisionador de Hadrones. Señor Samédov usted ha tenido un contacto indirecto con lo
divino, algo que no sólo los humanos hemos buscando durante toda su historia”
dijo la científica con una sonrisa en su cara, emocionada por la noticia.
“No puedo creerlo, no soy
religioso” dijo serio el cosmonauta.
“Esto no es religión señor Samédov, esto es ciencia, una
ciencia que ha superado a toda religión, lo que usted vio, lo que nosotros
buscamos, es una fuerza tan grande que puede ser comparada con un dios o mil
dioses si hablamos en términos religiosos” agregó la asiática mientras limpiaba
con su capa blanca sus lentes.
“¿Y que intenciones tienen los gobernantes, los encargados
de este proyecto con este poder?” preguntó curioso el cosmonauta.
“Eso es clasificado. Usted es un funcionario de su gobierno,
las decisiones de los altos mandos no le corresponden. Su misión es colaborar”
tras estas palabras ingresaron militares armados a la sala de conferencias. “En
media hora tendremos una conferencia en
esta sala con superiores de China, Rusia, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra,
además de personeros de galaxias recónditas. Usted debe oír atentamente sus
instrucciones. Estamos viviendo la historia y hay que estar preparado para
ello. Mientras tanto lo invito a estar cómodo en una sala de descanso,
necesitamos que supere su shock. Lo necesitamos sano señor Samédov, usted pareciera ser la clave.”
dijo en un tono misterioso la mujer. Los militares lo apuntaron y camino hacia
su destino.
El cosmonauta, un erudito no sólo en ciencias sino que también
en filosofía, siempre tenía sus dudas
acerca del poder y sus buenas intenciones. Se cuestionó mientras caminaba por
los pasillos de la estación espacial, la conferencia que sostendría en media
hora con los gobernantes mundiales. A pesar de esto aceptó la espera y acató
las órdenes.
Tomando un café y un sándwich se acordó de aquella
conversación con su vieja amiga de la
infancia, la artista Irina Romanov, aquella que
había ganado 7 veces el premio Kandynsky de arte
moderno. “No hay nada más divino que la
creación: el arte es creación, el arte es divino”, y en esa conversación en la
bienal de Berlín, el cosmonauta recordó haber dicho “Imagínate si el poder de
la creación, el poder divino quedara en malas manos”, a lo que la artista le
respondió “Eso significaría el fin de la humanidad, y créeme que no estamos muy lejos de eso”
Finalmente su ideología fue más fuerte que su deber. Sí él era la clave para llegar al contacto
con la divinidad no estaba dispuesto a que la ciencia y el oscuro poder de los
gobernantes se hicieran con ella. Raudamente salió de la sala de descanso
engañando a un militar que vigilaba, diciendo que quería observar el cosmos por
un ventanal.
El hombre de armas siguió al cosmonauta hasta un lugar poco
vigilado donde se hallaba una ventana que mostraba en todo su esplendor el
universo y sus estrellas. Samédov
mientras observaba era apuntado por la espalda.
“¿No es maravilloso?” dijo el ruso, pero el chino fue indiferente. El
cosmonauta analizó la situación, fue paciente unos minutos y observó al chino distrayéndose al ver una estrella fugaz en el
infinito desde el ventanal. Gracias a una técnica aprendida por viejos sabios rusos
de las artes marciales, la “Systema”, redujo no sin dificultad al militar,
escapando hacia otro hangar con la metralleta del chino.
Las alarmas alertaron a toda la estación espacial. La
científica china Xi Luan a cargo de la misión espacial dio la orden: “¡ATRAPENLO
COMO PUEDAN, ES EL ESLABÓN PERDIDO DEL INFINITO!” Las tropas se movilizaron por
la estación espacial buscando al ahora rehén galáctico.
Sigiloso se escabulló hasta donde se encontraban las naves
de exploración espacial. El lugar estaba rodeado por cerca de 20 hombres
armados. Samédov disparó 15 veces la metralleta arrebatada a su captor. Todos
murieron al instante. El ruso era una máquina de guerra. En épocas más rudas participó
del servicio secreto ruso, La KGB, labor de la cual se arrepentía y no estaba
orgulloso.
Libre el camino subió a una de las complejas naves
espaciales, donde encontró un traje espacial que tenía cocida una vistosa
bandera china, se vistió raudamente y abriendo la escotilla de la estación
espacial escapó. Lamentablemente antes
de que el pequeño transporte espacial huyera a un kilómetro de la gran estación
espacial, un misil de última tecnología alcanzo a la pequeña nave, terminando
bruscamente la increíble huida.
El ruso desfigurado y
con varias partes de su cuerpo mutiladas quedo flotando en el espacio, aún con
un pequeño aliento gracias a que su casco espacial estaba bien asegurado y no
había sufrido daños.
En ese momento todos los tripulantes de la estación espacial
se asomaron por los ventanales. La científica indignada gritó indignada “¿QUIEN
DISPARÓ ESO?”.
En ese momento una resplandeciente luz apareció en medio del
vacío. La luz de la nave se cortó, y los aparatos robóticos enloquecieron. La
científica china exclamó “Está aquí,
¡ESTÁ AQUÍ! ¡RAPIDO PRENDAN EL REACTOR DE ATRACCIÓN TERMICA! ¡HAY QUE CAPTURAR
A LA DIVINIDAD””. Pero el reactor yacía fundido por un alza de voltaje. La épica luz envolvió la estación espacial y
en menos de un segundo “Tyangon 00” fue enviada hacia una de las galaxias más
lejanas, casi en el fin del infinito perdiendo contacto para siempre con el
control en el planeta tierra.
Por su parte el malogrado cosmonauta Alexsandr Saménov adolorido por sus heridas, triste por su fallido
escape, flotando en el vació hizo algo inaudito para un hombre de ciencia: rezó
un canto ortodoxo de la iglesia de su país y que su madre siempre le hacía
recitar, ella muy creyente le decía “Este canto es divino, siempre tenlo
presente cuando estés en graves problemas”. Una lagrima corrió por ojo al
verlo, al recordar. Luego su cuerpo sintió un placer increíble. Cada punto físico
de su cuerpo sentía una sensación similar a un orgasmo. Cada segundo era una
maravilla.
En ese momento apareció ella, la divinidad. “Bienvenido” le
dijo mirándolo directamente a los ojos.