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¿Qué quién es el general Ruiz?
¿Qué acaso no te dijeron?
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No, nunca supe.
- A los soldados rasos deberían
darles algún tipo de instrucción primaria. Si no todos van a morir congelados
como los cabros chicos de Antuco.
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Es que se cuentan rumores, y usted
es el soldado de más alto rango de este pelotón. Algo debe saber.
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Yo te diré quien es Ruiz. Para que
después todos los cahuines y pelambres tengan algún fundamento real. Pásame el mate.
El general Adolfo
Ruiz es un maniático. Más bien una persona obsesiva. Veras, a mi parecer, el
general lleva sus propios miedos internos a los entrenamientos tácticos. Te
explico: Su gran temor y a la vez su
método de enseñanza militar, se basa en la oscuridad. En el “no ver”.
Cuando conocí al
general tenía como tu edad: unos 15 años. Su severidad y talento para enseñar nos generaban un gran
respeto por su persona. Cualquiera que pase por sus entrenamientos sacará
alguna enseñanza. Siempre con un sabio
consejo y una gran admiración por el trabajo bien hecho.
Los rumores dicen
que cuando niño el general no soportaba la oscuridad. Siempre tenía un “espantacucos” en su pieza y sus
adversarios le enrostran que dormía con su madre por el miedo y terror de
convivir con la noche. Los altos mandos que lo odian por razones ideológicas, hicieron correr otro rumor: De niño había sido violado en un sótano
sin luz. Ahí su trauma y obsesión con lo que “no se ve”. A ciencia cierta, nada
de eso ha sido comprobado. Hay más mitología que verdad.
Recuerdo que en una
borrachera que nos mandamos cuando patrullábamos en Lota por el terremoto, el
me dijo con su voz ronca y dañada por los 20 cigarrillos que se fumaba al día,
“La oscuridad. La logro sentir. Me intenta tocar. Me intenta envolver. Pero no
voy a dejar que esa CONCHATUMADRE me someta a nada. ¡¡Todo soldado tiene que
ser luz en la batalla, luz entre el manto negro de la noche. Es la única forma
de subsistir!! ¡¡ME ESCUCHASTE!!” en ese momento me comenzó ahorcar sin
provocación alguna. Había perdido sus estribos. Cuando nos separaron vino una
réplica un poco fuerte. Nos asustamos todos. Pensamos que sus palabras tan
profundas y su actitud violenta habían movido el suelo.
Y del
entrenamiento, bueno, principalmente se inspiraba en el libro que el mismo
escribió: “Guerra de noche. Tácticas y métodos de combate de guerrilla para
después de las diez PM” un éxito editorial entre las Fuerzas Armadas y pequeños
grupos subversivos.
Su teoría y
práctica se basaban en tres capítulos fundamentales de su libro:
- - Fin de los nervios
- - Ver donde no se ve (Aplicación
de los sentidos)
- - Táctica de guerra
La primera unidad
es la más compleja según los soldados que hemos aprobado ese
entrenamiento.
Dicen que Ruiz tuvo algo
que ver en la dictadura con métodos de tortura experimentales. Drogas, en especial el Ácido. Lo usaban con el
fin de modificar las percepciones de los
prisioneros y así sacarles información. Acá es lo mismo, pero en vez de sacarnos
información, nos asustaba en la noche para que así aparecieran nuestros más
profundos miedos. Todo esto, en medio de una localidad cercana a San Pedro De
Atacama; en una reserva del ejército techada y pintada de negro, donde no se ve
absolutamente nada.
El combate en ácido
es feroz contra uno mismo. No hay armas físicas. Debes enfrentar una guerra
civil en tu propia mente. Tus miedos, lo
peor de ti… aflora. Nunca vi a nadie, pero si los escuche. Eran los gritos
aterradores de los soldados causados por las crisis de pánico causadas por la
poderosa droga.
Al final de las 2
semanas de entrenamiento, la mente esta adiestrada y lo suficientemente
traumada, para controlarse frente a la oscuridad y sobre todo, frente a la
imaginación. “La imaginación es tu peor enemigo en la oscuridad. Esa maldita
conciencia que les hace juegos e inventa cosas que no son. Por eso la oscuridad es tan traicionera. Da
paso a la ilusión” decía al finalizar el entrenamiento el general Ruiz.
Tras esto pasábamos
a los ejercicios prácticos de los sentidos.
Dos semanas con los ojos vendados y superando diversas pruebas. El
general Ruiz alterado gritaba a los muchachos con su particular tono: “¡QUERIAN
VER EN LA NOCHE CON LENTES INFRAROJOS LOS CHUCHATUMADRES. CONFIEN EN LA
CAPACIDAD DE SU PROPIO CUERPO CABROS CULIAOS. NUNCA DEBEMOS CONFIAR EN LA
TECNOLOGÍA! ¡NUNCA! ¡IMAGINENSE CON EL AVANCE DE LA CIENCIA NORTEAMERICANA Y
RUSA! ¡EN CUALQUIER MOMENTO HACKEAN SUS APARATOS Y CAGARON! ¡TODOS BALEADOS!”.
Así que ahí
estábamos, sin poder ver. Equivocándonos, repitiendo, y equivocándonos. Muchos
resultaban heridos por balines de pistolas que no eran bien apuntadas. Cuando el entrenamiento terminaba, éramos
capaces de herir a un hombre a más de 100 metros de distancia con una Colt y
con los ojos vendados. Si no lo lograbas, reprobabas y tenías que volver a
intentarlo. Algunos perdían la paciencia y hasta desertaban del ejército.
Más allá de eso, lo peor era cuando nos sacábamos la venda. Esa
luz de la mañana nos carcomía los globos oculares y parecía ser que nos
habíamos quedado ciegos para siempre. “Eso es lo que sintieron cuando salieron
del utero de sus madres. Nuestra naturaleza humana proviene de observar la oscuridad. Cuando son fetos ven la nada pero de igual manera perciben su
entorno. La luz y la oscuridad. Al entrar a este maldito mundo, ambas son sus aliadas” nos decía el general Ruiz.
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Comandante, eso significa que
usted ve en la noche. ¿Cómo un vampiro?
-
Por supuesto que no, idiota. Las enseñanzas
del general Ruiz no nos hacen ver lo que no se puede ver. Simplemente nos hacen
adaptarnos a un ambiente adverso.
-
¿y la tercera unidad del libro? La
de las tácticas de guerra.
-
Esa parte no te la puedo revelar
niño.
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¿Por qué comándate?
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Pues porque esto podría ser
escrito por alguien, en algún momento. Y como sabes, las tácticas de guerra
deben guardarse en estricto secreto. Más si son de noche. Más si son impartidas
por el General Adolfo Ruiz. Ahora apaga esa fogata. Creo haber escuchado un
ruido.
-
¿Está seguro Comandante? A esta
hora no se ve nada, ya es muy tarde. Y los superiores no recomiendan dejar a
oscuras la trinchera.
-
Apágala.
En ese momento,
cuando el pequeño soldado le había echado tierra a la fogata, una silenciosa
bala, camuflada entre la total oscuridad que aportaba una noche de luna nueva,
se incrusto en el cerebro del novel combatiente.
El comándate, con
la cara repleta de sesos y sangre de su oyente, se tiró al suelo y se quedó en
silencio. Afinó el oído, cerró los ojos,
se conecto con su alrededor. En ese momento su imaginación combinada con su
memoria hizo aparecer en la trinchera al General Ruiz. Este se puso a su lado y enrabiado le dijo
“¿Recuerdas cual era la táctica de la guerra de noche? ¿Te acuerdas de lo que
siempre dijimos, cuando no se ve nada y el peligro acecha? Elimina esa
imaginación y actúa” y el comandante acabó con su imaginación, se paró raudamente desde su trinchera hacia el
exterior, con una ametralladora alemana MG 42, una reliquia que el mismo Ruiz
le había regalado a su alumno predilecto. Gritó a todo pulmón:
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¡PELOTON! ¡EN LA OSCURIDAD NO HAY
PIEDAD!
Cerca de 200
soldados con los ojos vendados se lanzaron enrabiados a la jungla oscura a
enfrentar al enemigo común. El general Ruiz estaría orgulloso de todos ellos.