José estaba pensando solo, sentado en el living de su casa,
con un cañita de vino y una luz tenue que
le alumbraba solo el rostro. Intentaba atar cabos, descubrir que salió mal,
porque pasó lo que pasó. Sacando
conclusiones de su caldo de cabeza, se
decepcionó del género humano, perdió la creencia en los valores y se dijo así
mismo “como tan weon para confiar en un chuchesumadre”.
Cuando la PDI golpeó la puerta con la orden de embargo, por
su mente pasó la imagen del fatídico día en que se conocieron.
Pasó el 15 de octubre de 1996 en una conocida shoperia.
Sonaba Gilda, nunca se iba a olvidar que sonaba Gilda.
- - Compadre ¿se sirve un shopito?
-
- - No, muchas gracias, no tengo ni uno, con cuea me
alcanza para este italiano, pero gracias compadrito- Le dijo José al hombre que
se sentó a su lado en la barra
- - No se preocupe amigo. Yo me encuentro sólo, y no hay un buen partido en la tele. No
me va dejar con la mano estirada- Le respondió el Lolo Ahumada.
- - Bueno, si lo pone de esa manera.
Se pararon de la barra y fueron a la mesa ocho.
José andaba mal, cumplía su tercer año de matrimonio. Lo
ponía feliz su pequeño hijo Marcelo pero le agobiaba su relación con su esposa
Manuela, que cada día andaba más paranoica por las constantes deudas. La mujer
siempre repetía, “Si no podemos
equilibrar nuestros sueldos no podemos equilibrar una familia”.
José estaba cesante. Había trabajado de obrero en la
construcción del primer edificio de 10 pisos de la ciudad, luego pasó a ser
capataz en la construcción de un edificio de 30 pisos y fue despedido cuando
formó el sindicato del la constructora del primer Mall de la región.
Esos tiempos no eran buenos para estar cesante, la pega
escaseaba en el país, pero José era un
emprendedor por lo que hizo de todo para parar la olla. Vendedor de Paltas, de
bolsas, gasfiter, contador y hasta cantante de Tango en un bar fueron algunas
de sus pegas en casi 1 año. Aquel día
que conoció al Lolo Ahumada, había
dejado su curriculum en un conocido hotel con el fin de ser portero, pero nunca
lo llamaron.
En la casa su mujer de seguro estaba cansada de su pega como
profesora de una escuela pobre en que ganaba lo mínimo y de seguro habrían
peleas, por lo que José desvió su camino del hogar hacia la shoperia a comerse
un italiano para alivianar la decepción. “Sin hambre no hay rabia” se repetía a
sí mismo siempre que podía.
-
- -¿Es usted comensal habitual de acá? – le dijo el
Lolo a José
- - Sí, vengo
siempre por un chopleto-
- -¿Chopleto?
- - Sí, es la combinación perfecta: COMPLETO más SHOP.
- - Jajajaja, está buena esa, me llamo Sebastian
pero me dicen Lolo.
- - Mucho gusto, José,”El Guaton” Fernandez para los
amigos
- - Buena Guaton.
Tras estrecharse las manos, hablar durante casi 1 hora
acerca del equipo de Wanderers campeón de primera B del año anterior, de darse
cuenta que tenían 2 amigos en común cuando vivían en una población hace más de
10 años, de que tenían una visión ideológica muy similar del mundo, de pedirle al mozo Juanelo 5 rondas más de shops y luego irse a beber
algo más fuerte a un bar de mala muerte, finalmente esa noche terminaron siendo
amigos.
Los mejores amigos.
Fin capitulo 1
No hay comentarios:
Publicar un comentario