miércoles, 10 de mayo de 2017

Guerra de Noche


-          ¿Qué quién es el general Ruiz? ¿Qué acaso no  te dijeron?

-          No, nunca supe.

-     A los soldados rasos deberían darles algún tipo de instrucción primaria. Si no todos van a morir congelados como los cabros chicos de Antuco.

-          Es que se cuentan rumores, y usted es el soldado de más alto rango de este pelotón. Algo debe saber.


-          Yo te diré quien es Ruiz. Para que después todos los cahuines y pelambres tengan algún fundamento real.  Pásame el mate.


El general Adolfo Ruiz es un maniático. Más bien una persona obsesiva. Veras, a mi parecer, el general lleva sus propios miedos internos a los entrenamientos tácticos. Te explico: Su gran temor  y a la vez su método de enseñanza militar, se basa en la oscuridad. En el “no ver”.

Cuando conocí al general tenía como tu edad: unos 15 años. Su severidad y  talento para enseñar nos generaban un gran respeto por su persona. Cualquiera que pase por sus entrenamientos sacará alguna enseñanza.  Siempre con un sabio consejo y una gran admiración por el trabajo bien hecho.

Los rumores dicen que cuando niño el general no soportaba la oscuridad. Siempre tenía un “espantacucos” en su pieza y sus adversarios le enrostran que dormía con su madre por el miedo y terror de convivir con la noche. Los altos mandos que lo odian por razones ideológicas,  hicieron correr otro  rumor: De niño había sido violado en un sótano sin luz. Ahí su trauma y obsesión con lo que “no se ve”. A ciencia cierta, nada de eso ha sido comprobado. Hay más mitología que  verdad.
 
Recuerdo que en una borrachera que nos mandamos cuando patrullábamos en Lota por el terremoto, el me dijo con su voz ronca y dañada por los 20 cigarrillos que se fumaba al día, “La oscuridad. La logro sentir. Me intenta tocar. Me intenta envolver. Pero no voy a dejar que esa CONCHATUMADRE me someta a nada. ¡¡Todo soldado tiene que ser luz en la batalla, luz entre el manto negro de la noche. Es la única forma de subsistir!! ¡¡ME ESCUCHASTE!!” en ese momento me comenzó ahorcar sin provocación alguna. Había perdido sus estribos. Cuando nos separaron vino una réplica un poco fuerte. Nos asustamos todos. Pensamos que sus palabras tan profundas y su actitud violenta habían movido el suelo.

Y del entrenamiento, bueno, principalmente se inspiraba en el libro que el mismo escribió: “Guerra de noche. Tácticas y métodos de combate de guerrilla para después de las diez PM” un éxito editorial entre las Fuerzas Armadas y pequeños grupos subversivos.

Su teoría y práctica se basaban en tres capítulos fundamentales de su libro:

-          - Fin de los nervios

-         -  Ver donde no se ve (Aplicación de los sentidos)

-         -  Táctica de guerra

La primera unidad es la más compleja según los soldados que hemos aprobado ese entrenamiento.

Dicen que Ruiz tuvo algo que ver en la dictadura con métodos de tortura experimentales.  Drogas, en especial el Ácido. Lo usaban con el fin de  modificar las percepciones de los prisioneros y así sacarles información. Acá es lo mismo, pero en vez de sacarnos información, nos asustaba en la noche para que así aparecieran nuestros más profundos miedos. Todo esto, en medio de una localidad cercana a San Pedro De Atacama; en una reserva del ejército techada y pintada de negro, donde no se ve absolutamente nada.

El combate en ácido es feroz contra uno mismo. No hay armas físicas. Debes enfrentar una guerra civil en tu propia mente.  Tus miedos, lo peor de ti… aflora. Nunca vi a nadie, pero si los escuche. Eran los gritos aterradores de los soldados causados por las crisis de pánico causadas por la poderosa droga.

Al final de las 2 semanas de entrenamiento, la mente esta adiestrada y lo suficientemente traumada, para controlarse frente a la oscuridad y sobre todo, frente a la imaginación. “La imaginación es tu peor enemigo en la oscuridad. Esa maldita conciencia que les hace juegos e inventa cosas que no son.  Por eso la oscuridad es tan traicionera. Da paso a la ilusión” decía al finalizar el entrenamiento el general Ruiz.

Tras esto pasábamos a los ejercicios prácticos de los sentidos.  Dos semanas con los ojos vendados y superando diversas pruebas. El general Ruiz alterado gritaba a los muchachos con su particular tono: “¡QUERIAN VER EN LA NOCHE CON LENTES INFRAROJOS LOS CHUCHATUMADRES. CONFIEN EN LA CAPACIDAD DE SU PROPIO CUERPO CABROS CULIAOS. NUNCA DEBEMOS CONFIAR EN LA TECNOLOGÍA! ¡NUNCA! ¡IMAGINENSE CON EL AVANCE DE LA CIENCIA NORTEAMERICANA Y RUSA! ¡EN CUALQUIER MOMENTO HACKEAN SUS APARATOS Y CAGARON! ¡TODOS BALEADOS!”.

Así que ahí estábamos, sin poder ver. Equivocándonos, repitiendo, y equivocándonos. Muchos resultaban heridos por balines de pistolas que no eran bien apuntadas.  Cuando el entrenamiento terminaba, éramos capaces de herir a un hombre a más de 100 metros de distancia con una Colt y con los ojos vendados. Si no lo lograbas, reprobabas y tenías que volver a intentarlo. Algunos perdían la paciencia y hasta desertaban del ejército.

Más allá de eso,  lo peor era cuando nos sacábamos la venda. Esa luz de la mañana nos carcomía los globos oculares y parecía ser que nos habíamos quedado ciegos para siempre. “Eso es lo que sintieron cuando salieron del utero de sus madres. Nuestra naturaleza humana proviene de  observar la oscuridad. Cuando son fetos ven  la nada pero de igual manera perciben su entorno. La luz y la oscuridad. Al entrar a este maldito mundo,  ambas son  sus aliadas” nos decía el general Ruiz.

-          Comandante, eso significa que usted ve en la noche. ¿Cómo un vampiro?

-           Por supuesto que no, idiota. Las enseñanzas del general Ruiz no nos hacen ver lo que no se puede ver. Simplemente nos hacen adaptarnos a un ambiente adverso.

-          ¿y la tercera unidad del libro? La de las tácticas de guerra.

-          Esa parte no te la puedo revelar niño.

-          ¿Por qué comándate?

-          Pues porque esto podría ser escrito por alguien, en algún momento. Y como sabes, las tácticas de guerra deben guardarse en estricto secreto. Más si son de noche. Más si son impartidas por el General Adolfo Ruiz. Ahora apaga esa fogata. Creo haber escuchado un ruido.

-          ¿Está seguro Comandante? A esta hora no se ve nada, ya es muy tarde. Y los superiores no recomiendan dejar a oscuras la trinchera.

-          Apágala.

En ese momento, cuando el pequeño soldado le había echado tierra a la fogata, una silenciosa bala, camuflada entre la total oscuridad que aportaba una noche de luna nueva, se incrusto en el cerebro del novel combatiente.

El comándate, con la cara repleta de sesos y sangre de su oyente, se tiró al suelo y se quedó en silencio.  Afinó el oído, cerró los ojos, se conecto con su alrededor. En ese momento su imaginación combinada con su memoria hizo aparecer en la trinchera al General Ruiz.  Este se puso a su lado y enrabiado le dijo “¿Recuerdas cual era la táctica de la guerra de noche? ¿Te acuerdas de lo que siempre dijimos, cuando no se ve nada y el peligro acecha? Elimina esa imaginación y actúa” y el comandante acabó con su imaginación,  se paró raudamente desde su trinchera hacia el exterior, con una ametralladora alemana MG 42, una reliquia que el mismo Ruiz le había regalado a su alumno predilecto. Gritó a todo pulmón:

-          ¡PELOTON! ¡EN LA OSCURIDAD NO HAY PIEDAD!


Cerca de 200 soldados con los ojos vendados se lanzaron enrabiados a la jungla oscura a enfrentar al enemigo común. El general Ruiz estaría orgulloso de todos ellos.

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