jueves, 17 de marzo de 2016

Don Honorato y el sabueso fantasma


Ya llevábamos como dos horas pelando con la Erika. Si esa tiene mucho tiempo libre. Todos los días se viene al almacén a contarme la última copucha del barrio. Ahora me venía con el notición de que la vecina del pasaje se había comprado auto nuevo. “Tu estas para peluquera de regimiento…. A todos los pelas” le decía siempre yo y ella se hacia la chistosa recordando personajes del barrio que ya se habían ido. 

Entre recuerdo y anécdota nos acordamos de la señora Nelda, que siempre pagaba con monedas de 10 y que se cambió de casa hace un par de meses. O el Mauricio, un niño que se volvió grande y que  acumuló una deuda de 50 mil pesos por los fiados de helado.  Es que nadie le podía decir no a esa cara tierna que ponía. Era más rico el cabro chico. Se fue a Santiago a estudiar ingeniería.

Entre anécdota e historia nos acordamos de un gran personaje del barrio: Don Honorato.

“Un caballero de esos que ya no se ven. Pero pucha que era empaquetado y serio” me decía la Erika.

 Razones no le faltaban al hombre para ser así. Me acuerdo que siempre venia puntual a las 8 de la mañana a buscar las ayuyas calientitas.  Con su voz de locutor AM, su elegante traje, su barba blanca y barriga como las del viejito pascuero, siempre me decía “Buenos días, las ayuyas por favor” y se iba sin más que agregar.

Es que en su vida había mucha pena. Me acuerdo que él y su señora, ambos jubilados, llegaron al barrio y al poco tiempo ella falleció. De ahí como que Don Honorato se fue hacia adentro y se perdió en sí mismo. Vivía solo y según la Erika “Se pasaba casi todo el día en el patio dándose vuelo en una silla mecedora”.

Al parecer los hijos de Don Honorato, sin querer ir a vivirse con él para acompañarlo en su viudez, debido a que según la Erika, “Se habían peleado por la herencia de la señora difunta”  idearon una estrategia bastante simple para que el hombre no estuviera solo:

Le regalaron un sabueso tremendamente tierno, despierto e inquieto. Todo lo contrario a Don Honorato.

La criatura, según me recuerda mi comadre, no se llevó muy bien con el anciano, que a sus 79 años ya tenía sus mañas. A don Honorato no le parecía que el cachorro se hiciera pipi en la gran casa donde vivían, ni que ladrara a las 7:30 de la mañana para que lo sacaran a pasear. Pero siendo el único ser vivo con el cual compartía su vida, las desavenencias se pulieron hasta formar una entrañable amistad.


“Si te acordai que después venía con una tremenda sonrisa a comprar las ayuyas en la mañana y el perrito feliz ahí moviendo la colita” me decía la Erika. Y yo estaré vieja pero no puedo  olvidar a esos dos. Si eran como compadres, yo nunca había visto hablar tanto a don Honorato, ¡Si le había cruzado más palabras al perro que a mí en todos los años que nos habíamos visto! Se nota que el cachorro algo le había entregado al caballero.


Salían a pasear, comían juntos, jugaban, regaloneaban, y hasta dormían en la misma pieza.  Hace mucho que no veía tan feliz a ese caballero. Si hasta con una sonrisa venía a comprar la mercadería. 
“Si una vez hasta me tiro un piropo. Era atrevido el viejito aquel. Estaba motivado con la vida” me contó picaronamente la Erika.

Pero pucha que es terrible el destino. Cuando todo va bien, tienen que aparecer las tragedias.

Me acuerdo de ese día maldito.

Habían venido a arreglar el refri de las bebidas, estábamos todos apretados en el almacén, que es chiquito y de un solo corredor.  Don Honorato venía a comprar las verduras para hacer el almuerzo y yo le pedí si podía amarrar al sabueso afuerita del almacén porque era mucha gente adentro del local. Él lo hizo y comenzó a recoger papás. Ese día se supone, él iba a comer puré con chuletas. Los huesitos de seguro se los daría al perro.

Me acuerdo que el cachorro era inquieto, bueno después leí que esa raza son desde bien chiquititos muy locos. Según la Erika que también estaba ese día “El perrito se puso a curiosear unas mariposas que revoloteaban y la correa estaba mal amarrada”.

La cosa es que el cachorrito se soltó y…. sin prevenirlo…la calle….vino un auto….y…el perrito…un grito…y….ay…se me arma un nudo en la garganta al recordar los ojitos de Don Honorato al ver la triste escena.

 Me acuerdo que con mi marido acompañamos a Don Honorato al veterinario pero el perrito ya venía sin vida.  No se me va a borrar nunca la imagen de él,  muy religioso dándole una especie de extremaunción al cachorro siendo encomendado a los cielos por Don Francisco de Asís.

 Después de eso el veterano no paraba de llorar y gritar. Fue una escena conmovedora que ni yo ni mi marido olvidaremos fácilmente. Parecía un preescolar cuando le van a poner una vacuna. Su corazón estaba desgarrado, y se ahogaba en su llanto. Hubo que buscar unos vasitos de agua con azúcar para calmarlo.

Después de eso pasó un tiempo y vimos muy deteriorado a Don Honorato. Ya no se vestía de etiqueta, estaba pálido y puedo decir que hasta tenía más canas y menos pelo del poco que le quedaba.  Si el hombre era antes muy silencioso, ahora apenas emitía exclamaciones como un “Sí” o un “No”. Su ceño se había fruncido estático, lo que le daba un aspecto de viejo cascarrabias.  “Si hasta olía a naftalina el pobre viejo, yo creo que le dio depresión, si el perro era su único amigo” me comenta la Erika.

Pasaron meses, hasta que un día, de la nada, veo entrar al almacén a Don Honorato, de frac, con una sonrisa de oreja a oreja, radiante, olorosito y dicharachero.

-          Buenos días, que alegre mañana es la de hoy- llegó diciendo. 
-          Don Honorato, tan bien que se le ve ¿Qué le pasó?- Le contesté.
-          Me ha pasado algo extraordinario vecina- me dijo
-          Cuénteme vecino.
-          ¿Se acuerda de mi sabueso?
-          Si pobrecito, ¿Cuánto ya habrá pasado desde el accidente?
-          Eso no importa. Lo que le voy a contar es extraordinario: Fíjese que anoche mientras dormía, un ruido me despierta y  veo que el “Shaggy” está ahí frente mío, ladrando porque quería comida y moviéndome la cola para que fuéramos a jugar.
-          ¿Cómo? ¿su perrito está vivo? ¿No abra sido un sueño?
-          Nada de eso. Sí, es increíble, según lo que concluí,  su raza tiene tan buen olfato que oloroso el camino para llegar a mi casa desde la muerte, mire si ahí está. Lo deje afuera amarrado bien fuerte porque es tan inquieto.

Yo incrédula, mire para afuera del almacén y lo único que vi fue la correa del perro y su collar, colgados en medio del vacío.  Y me dije a mi misma “Este señor se volvió loco”. Pero saben que. Una tremenda pena y nostalgia combinadas con unas gotitas de alegría me hicieron querer seguirle el juego. Como les digo, se veía radiante y eso que había perdido a su esposa y su querido perro.

-          Pero qué lindo su perrito Don Honorato, se ve igual de inquieto que antes, eso sí, se nota que no ha comido mucho.
-          Por eso vine a su almacén vecina. Quiero que me de unos dos kilos de comida para perros.

Le eche la comida en una bolsa, se la regale y él se fue feliz. “Me acuerdo cuando Don Honorato salía a pasear a la correa y el collar. Los llevaba arrastrando y se paraba en las esquinas a esperar que su perrito imaginario hiciera pipi o caca” me decía la Erika que le causaba gracia y pena la situación.

Yo por mi parte, alegre de que el hombre estuviera feliz en su fantasía, les comente a los vecinos que venían al almacén que le siguieran el juego, total, el señor no tenía mucho más que su sabueso fantasma.

-          ¿Cuánto abra que falleció Don Honorato?- me decía la Erika
-          Ufff ¿habrá sido hace un año ya?- le respondí.
-          Como pasa rápido el tiempo niña-
-          Por lo menos se fue feliz, hasta lo enterraron con la correa y el collar.
-          Pobre viejito, por lo menos descanso con su perrito.
-          Sí, falleció feliz el señor. Mira aquí tengo una foto: Yo, mi marido, Don Honorato contentísimo y su perrito imaginario.
-          Oye niña. Ya se me hace tarde para preparar el almuerzo ¿Cómo cuanto que ya hemos estado hablando ya?
-          Uyyy… si ya son más de las 12.
-          Chuta niña, ya voy tarde con el almuerzo de los niños, ¿Oye me fias estas papitas?
-          Como no comadre, ahí la anoto.
-          Ya mija, que le vaya súper bien, que tenga un bonito día.
-          Tu igual que estés muy bien linda Erika.

Después de que se fue la comadre, me pegue un largo suspiro. Se echan de menos esos vecinos que son personajes y como no  también sus mascotas que tanto se parecen a ellos.


Este cuento esta dedicado a mi perrito que ahora es un fantasma y al barrio donde pasamos muchos bonitos momentos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario