jueves, 30 de junio de 2016

Desmaterialización

Gabriela tenía 32 años y Juancho 33. Hace un año que la pareja estaba casada después de un pololeo que duró nada menos que 7 años. Hace 6 meses que vivían juntos y las cosas no estaban saliendo muy bien.  Quizás la rutina o el ya conocerse tanto los estaba distanciando poco a poco. Ya no tenían momentos espontáneos de pasión carnal o carcajadas de esas que duelen la guata. Algo andaba mal, el silencio era pan del día a día en ese lindo departamento que compartían.

Gabriela se daba cuenta de esta situación cada vez que veía a su esposo. “Se está dejando estar” se decía a sí misma.

Juancho, que era ingeniero informático, y por lo tanto pasaba sentado frente a un computador más de la mitad del día, siempre se mantuvo en regular forma física.

Hasta este año:

De ser un chico con pancita “tierna” paso a tener rollitos ya más contundentes.

Pero eso no era todo.

Gabriela también advertía que a Juancho lo afectaba una flojera constante. Le daba paja afeitarse y se dejó una larga barba; le daba paja levantarse de la cama y trabajaba con el notebook apoyado en su guata; le daba paja cocinar y se iba a la esquina a comer comida chatarra.

Por su parte Gabriela, era todo lo contrario.  Cada día andaba con más energías, motivada por la vida y regia en el aspecto físico. Esto ella lo atribuía a que  asistía a sus clases de Yoga de tendencia acuariana.  Juancho, pragmático ante aquella “moda cuica” como lo llamaba él, siempre le reclamaba a su mujer que “Llegaba a la casa pasada a incienso”.

Gabriela por su parte no lo pescaba. Ella estaba feliz aprendiendo de los chakras, los pasados karmicos, la posición de las estrellas,  los mantras y el tarot. Si hasta estaba vistiéndose a lo Janis Joplin.

Un día, toda su calma y paz “zen” que había conseguido por los mantras y el ejercicio físico, quedo en entredicho luego de un nuevo y  desubicado comentario de su flojo e irritable marido, pronunciado cuando ella volvía de una de sus clases.

-       Mi amor- dijo Juancho desde un cómodo sofá mirando el computador y con una lata de cerveza a su lado.
-       ¿Qué pasa? - dijo Gabriela sacándose el extravagante turbante que llevaba en su corto pelo negro y dejando de lado sus sandalias.
-       En internet leí que: “mientras una mina dibuja mejor un Mándala, está más loca” Yo cacho que con todos los mándalas que dibujas en la noches deberías estar en el siquiátrico. JAJAJAJAJAJA.  

En ese momento todos los espacios de la cara de la flaca mujer se pusieron de color rojo y con una furia contenida que le salió desde su alma antes en serenidad, le grito al flojo hombre a un volumen tan alto que incluso los vecinos copuchentos del 664 lograron oír:

“¡POR LO MENOS YO HAGO ALGO DE EJERCICIO, NO ME QUEDO PURO FLOJEANDO EN LA CASA VIENDO COMO MI GUATA CRECE CADA VEZ MÁS COMO UN CHANCHO EMBARAZADO! ….. ¡TE APUESTO A QUE NI TE ATREVES A VENIR A MIS CLASES DE YOGA PORQUE TENI PAJA. ERI PAJERO WEON, PAJERO Y ADEMÁS FOME! ¡TE APUESTO QUE HASTA TE DIO PAJA DECIR ESE COMENTARIO, LO SACASTE DE INTERNET!¡CUANDO MOVAI EL CULO DEL SOFÁ DIME CUALQUIER WEA! ¡ANTES NO CULIAO! ¡PAJERO Y LA RECONCHETUMARE!

Juancho se quedó para adentro, hace harto tiempo que no veía a la Gabriela tan enojada, quizás solo esa vez que se había echado su tesis por una décima.  Ante esto el gordo hombre simplemente atino a decir  muy temerosamente y con los ojitos a lo gato con botas: “disculpa”.

Un silencio incomodo rodeo el living de la casa.  No se hablaron hasta la noche.

Gabriela antes de dormir leía un ejemplar  de “Meditación y Mantras” de Suami VIshnu Devananda  en la cama matrimonial.  Juancho luego de ir al baño, se acostó, se acercó y le hizo cariño en su brazo.  Ella le  corrió su extremidad y le dijo violentamente “quítate aweonao”.  Juancho intentó arreglar la embarrada que se había mandado.

-       Mira, disculpa por lo que te dije - le replico Juancho haciéndose el tierno, acurrucándose a su lado.

-       Eris muy desubicado po Juancho, ¿Cómo quieres que no esté enojada? - le replico ella dejando el libro en la cómoda y sacándose sus lentes.

-       Oye, yo  sé que he sido flojo y me he dejado estar, pero te prometo que voy a hacer algo- prometió como siempre lo hacia el perezoso hombre.

-       Acompáñame mañana entonces a la clase de Yoga. Demuestra que puedes estar una clase, elongar y hacer los ejercicios. Demuestra que no eres pajero. Demuestra que eres respetuoso por las cosas en las que creo.  

-       Pero porque te tiene que gustar esa moda, todas las minas huecas lo hacen- dijo prejuiciosamente Juancho.

-       Si me consideras hueca quizás sea hora de que busques una mina distinta- dijo cortante Gabriela mirándolo a los ojos.

-       No quise decir eso. Ya, te acompañare, te demostrarte que también puedo meditar y esas cosas- dijo Juancho convencido.  

-       Eso lo quiero ver, ¿prometes no burlarte?- Dijo con un tono menos severo la mujer.
-       Prometo comportarme- sentenció decidido el hombre.

Juancho se puso de rodillas en la cama y dijo burlonamente “OHM” como si estuviera meditando. Gabriela solo atinó a decir “ridículo” y esbozo una linda sonrisa.  Le habían puesto un parche curita a la situación.

Al  otro día, después de mucho tiempo, se vio a Juacho en short y polera acompañando a su mujer a la sala de ejercicios del  instituto acuariano de Yoga Kundalini.  El lugar era de luces tenues y con un excesivo olor a lavanda e incienso.  La maestra del lugar vestida completa de blanco y con una pinta en su frente como los hindús, se acercó a Gabriela.

              - ¿Cómo estás Gabriela? – pregunto la maestra

-       Todo bien maestra, intentado traer a que medite algo mi compañero.

-    Pues le va a hacer muy bien, cuando la mente entra en serenidad,  alejada de lo mundano, todo lo podemos ver- le dijo la maestra a Juancho tomándole las manos. Este  la miro con una expresión de “Que wea está loca”.

En el lugar los asistentes en su mayoría mujeres se sentaban en filas con sus colchas conocidas como MAT. Se ponían con las piernas cruzadas y el gran maestro del lugar, con su turbante y su larga barba a lo Antares de la Luz,  con una gigante flor de loto a sus espaldas dibujada en un muro,  saludo muy reverencialmente a todos. Luego inspiró y con una  profunda modulación dijo “HOM”.  Alrededor de Juancho todos los asistentes replicaron el sonido “HOM” del maestro. El coro bien afinado, hizo que Juancho pensara  “Estoy como en el convento” y esbozo una sonrisa, que ante la mirada de reojo de Gabriela, borró de su cara.

Luego comenzaron las elongaciones y el sufrimiento. Juancho no le atino a ninguna de las posturas. Hizo al revés la Vrkasasana y se cayó al piso, derribando a un compañero de la sala en dos ocasiones. Luego intento hacer muy rápidamente el Savasana y su columna rechino como si fuera un anciano.

El maestro que guiaba la clase lo tuvo que ayudar a corregir todas las posturas y Juancho está seguro que, ofuscado el hombre, en algún momento le dijo al oído muy delicadamente “dedícate a otra cosa cebo con patas, el yoga no es para ti”.

A diferencia de él, Gabriela  sorprendía por su increíble estado físico y flexibilidad, haciendo todas las posturas a un nivel técnico casi de gimnasta. Juancho la admiraba en su belleza y en su inspiración. Su entusiasmo le hizo recordar porque la amaba tanto.

A pesar de todo lo mal hecho,  Juancho por lo menos lo intentaba. Sudado entero y con el corazón latiéndole rápidamente llegó un momento de ensueño en esta clase fatal para él: LA MEDITACIÓN. Momento en que todos debían descansar y se acababan las elongaciones tan complejas para él.

-       Te tienes que tapar con esta sabana- le dijo Gabriela en voz baja pasándole una manta.

-       Estoy muerto Gabriela.  - le dijo jadeando Juancho.

-       Pero ya estamos casi listos, ya lo lograste, ahora intenta aprovechar este momento, intenta no pensar en nada y relaja tu mente. Déjate llevar. Te felicito - le dijo orgullosa.

Juancho se recostó en su colcha o MAT. Se tapó. Cerró los ojos. Se sentía muy cómodo y cansado a la vez. “Ahora todos a relajarse, mantengan la mente en paz”,  dijo el maestro quien  le puso play al equipo de música. Una tonada mística de la más profunda china comenzó a retumbar en la sala. Las luces estaban tenues.

Juancho estaba solo con su mente. Pero no podía aquietarla.

Su cerebro le hablaba a sí mismo. Con frases o pensamientos que no paraban:

 “Qué bueno que lo logre, la Gaby no me puede decir nada, igual la apañe. Espera, se supone que no debería estar pensando nada, la Gaby me dijo que no lo hiciera, a ver, no pensare en nada. Voy a dejar de pensar, ahora sí, no creo que sigo pensando, a ver, ya….1, 2, 3, ¡AHORA!.. Pero estoy pensando que no estoy pensando. ¿Cómo lo hago entonces?, a ver...ya….mente en blanco, mente en blanco…mente  en blanco…

Tras este dialogo consigo mismo, se intentó calmar, pero su mente no paraba de bombardearlo con pensamientos banales. La imaginación no paraba, y aburrido de no poder abstraerse se acordó de que tenía hambre. Se acordó que su mujer le había dicho que comiera más verduras.  Tras esto su cabeza proyecto  unos churrascos palta mayo, unas chorrillanas, y muchas otras cosas ricas….

Con esto del yoga de seguro la Gaby se vuelve vegetariana y no me va a dejar comer cuestiones...pucha….creo que tengo hambre. Ya….pero no debo pensar...debo dejarme llevar...eliminar imágenes dijo el “maestro”. Chau choripán, chau italiano,..... Estoy seguro que el culiao del “maestro” me insulto…  te apuesto que es mula. Sé que no pude hacer ninguna elongación pero pucha era mi primera clase….. Lo odio, además creo que le tira los cortes a la Gaby. Ya pero basta de lamentarse...ENFOCARSE….ENFOCARSE EN NO PENSAR... a ver, lo intentare, tengo que lograrlo, así la Gaby me perdona…. Yo la quiero mucho, yo haría cualquier cosa por ella… pero ya po ponte serio…., ENFOQUE, CONCENTRACION… voy a dejar mi mente de una vez por todas sin nada que pensar…CONCENTRACIÓN, CONCENTRARSE POR ELLA…MENTE EN BLANCO…EN BLANCO

Juancho y su voluntad quizás inspirada en su amor por Gabriela y enmendar sus errores que había cometido con ella, logró en ese momento algo que ni los más disciplinados monjes tibetanos que llevan años de práctica habían logrado.

Juancho había logrado dejar su mente en paz.

En ese proceso y con la música de la antigua china de fondo, lo vio todo.

Se hizo uno con el universo. Observo un mándala real, no de esos que compran en lana las señoras y los niños, este era un mándala del tamaño del infinito.

Su mente se convirtió en universo, los enigmas el cosmos eran simples para él.  Tiempo y espacio se volvieron algo sin importancia. Su ser se difumino entre varias dimensiones.

 Juancho estaba elevado. Vio de frente a  su alma que no era una sino  millones. Por primera vez, se sentía libre.

Se elevó paradójicamente  a las profundidades del inconsciente y charlo con dioses de todo tipo. Vio los relatos fundamentales del humano, la esencia del ADN y sus códigos binarios.

Juancho ya no era humano, era algo superior, algo más allá de la metafísica.  Era música, era eternidad, era trascendencia. Se dio cuenta que su amor, que sus problemas de pareja no eran más que una moraleja del porte de un átomo comparado con la inmensidad de la TOTALIDAD.

La música empezó a escucharse más bajita, las luces se prendieron poco a poco.

El maestro de la clase dijo “Vayan moviendo lentamente sus extremidades. Reincorporémonos luego de este hermoso descanso de la mente”.

 Gabriela relajada por aquietar su mente por unos segunditos, se estiro relejada y miro a su lado derecho, donde se encontraba su esposo.  Pero su Mat estaba vacía, con la sabana tapando nada.  

Indignada frunció el ceño y se dijo a sí misma “este gordo no soporto estarse quieto unos segundos y se fue a comer un completo a la esquina. Esto no da para más, llegando a la casa vamos a conversar, no tiene remedio, no se cuida a sí mismo, es irresponsable. Qué rabia, como no puede estar unos minutos relajado”.

Pero Juancho no se había ido a comprar ningún completo. Juancho ya no era un ser físico.


Juancho se había desmaterializado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario