Ya no había escapatoria para Fritz y Mahmud. Frente al pelotón de fusilamiento que daría termino a sus vidas, ambos personajes con sus ojos vendados se escucharon el uno al otro, como tantas veces lo habían hecho en situaciones de peligro similar, quizás en que parte del mundo.
- ¿Por qué siempre salimos derrotados Mahmud?- dijo tiritando de miedo, triste y desesperanzado el rubio Fritz.
- Quizás es el “Fatum”- contestó siempre místico y sereno Mahmud con su larga barba y su turbante.
- ¿Qué es eso Mahmud? ¿Qué es el Fatum?-
- El “Fatum” es el destino. Nuestro destino siempre fue fracasar. Lo intentamos Fritz. Créeme que lo intentamos, pero siempre estuvimos destinados a fracasar.-
- Bueno el único fracaso que el “Fatum” no nos dio Mahmud….-
- ¿Cuál fue?-
- Yo creo que fue el habernos conocido.-
- Que bueno Fritz. Tanto tiempo juntos y creo que es la cuarta vez que me rebelas algo de tus sentimientos verdaderos. Y eso que hace 20 años nos conocemos.-
- Estamos al borde de la muerte, era algo que tenía que hacer amigo mío.-
Y el sonido de carga de los fusiles sonó estrepitosamente.
El destino de Fritz parecía, en un principio, no ser un fracaso constante.
De hecho, gozo de increíble éxito en la convulsionada época de la Segunda Guerra Mundial. En la Alemania Nazi, el irreverente Teniente Fritz Hockenheimer oriundo de Leipzig, se destacó como un gran humorista. Según una entrevista dada a un diario de la época, Fritz decía que “Soy muy tímido para expresarme de otra manera que no sea el chiste. Además, yo creo firmemente que la alegría en medio de la tragedia, algo de esperanza en la humanidad nos a de traer”. A pesar de que sus intenciones siempre fueron buenas, su ambición y desesperada escalada a la cumbre del triunfo, lo llevo a destacarse tristemente como contador de los más crueles chistes negros contra minorías.
Es famoso el clásico chiste de su autoría que versa más o menos así:
“¿Si un Nazi de la Segunda Guerra tuviera enfrente, simultáneamente a un negro y a un Judío, a quien de los dos mataría primero, y por qué?…..Es claro que sería el Judío porque : ¡¡¡PRIMERO EL DEBER Y LUEGO EL PLACER !!!”
Este macabro humor incluso logró que el mismísimo Führer asistiera a una de sus rutinas a teatro lleno y de la cual salió, según historiadores que investigaron el evento “Confiado en una nueva era del humor ario”.
Pero el Tercer Reich tras abruptas derrotas, sucumbió ante las alianzas internacionales y con Berlín en ruinas tomada por los Sovieticos, Fritz fue detenido en la calle al ser escuchado por un militar del ejército Rojo que le oyó decir un chiste a un amigo acerca de cómo el bigote de Stalin estaba preparado para tomar el poder de Alemania. Los militares lo tildaron “bufón del fascismo” y fue llevado preso. De la cima a la ruina rápidamente.
Mientras el camión blindado que lo llevaba como prisionero junto a 20 soldados nazis por la despoblada y fría frontera entre Ucrania y la URSS, con dirección a la temida NKVD o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, se detuvo porque los oficiales necesitaban merendar; nuestro héroe logró escapar gracias al destino o el “Fatum” de encontrarse con el que sería su mejor amigo durante más de 20 años: El hindú Mahmud Nayak, un aventurero de poca monta que también venía huyendo de la justicia luego de un gran fracaso.
Mahmud era un importante líder político de la india en su época colonial. Su discurso era muy popular a la hora de levantarse contra los ingleses y su frase “Gobernar es fusilar al enemigo” generaba miles de adeptos. Mahmud creía firmemente que para conquistar cualquier poder político, se necesitaba la violencia y eso lo hacía sentir firmemente en sus acalorados discursos llenos de metáforas e inspiración que sacaban atronadores aplausos en las calles de Delhi.
Pero llegó Ghandi y el pacifismo.
De tener una buena base de adeptos a la violencia, Mahmud y su discurso se fueron quedando cada vez más solos. Del “Descuartizar los ideales del enemigo a través de cuchillo” propuesto por Mahmud se pasó al “El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el ser humano” propuesto por el líder Mahatma Ghandi.
Sin casi ningún fanático a su amor por la sangrienta lucha armada y celoso por la creciente popularidad del profeta y político pacifista, Mahmud hizo lo que no debió.
A sabiendas de que varios de sus ex adherentes eran llevados a las ideas de la religión radical, Mahmud invitó a un antiguo miembro de su movimiento: el influenciable Nathuram Godse, a ver el estreno de una bella y sagrada obra de teatro estilo Kutiyattam.
Mientras los tambores sonaban fuertemente y el actor principal comenzó a mover los ojos para expresar sus emociones, Mahmud le dijo a su invitado al oído:
- ¿Has pensado como alcanzar la paz total Godse?- le preguntó con su voz profunda y serena.
- Siempre lo medito Mahmud pero solo Brahma tiene la respuesta- dijo tímido y creyente Nathuram
- Yo creo que la paz espiritual llega con la muerte, ahí somos nada, por lo que alcanzamos la totalidad- dijo intrigante y convincente nuestro héroe.
- Nunca lo había visto de ese modo- replico Godse.
La conversación duró el transcurso de la obra y solo ese tiempo le basto para que la labia de Mahmud insertará una idea fija en la cabeza de su conocido político: Había que matar a Ghandi para que su movimiento y su existencia alcanzaran la total paz.
A pesar de que él no era el culpable de la atroz acción que dio muerte al profeta pacifista mediante tres certeros disparos, Godse, el asesino material, implicó en su declaración a la policía a Mahmud Nayak, ex dirigente político, como autor intelectual del atentado.
Los servicios secretos intentaron dar con el hombre de sabias palabras. Pero gracias a la ayuda de amigos conectados con el contrabando de té y alfombras que según se les decía a los ingenuos turistas “Eran voladoras”, logró zarpar hacia un lugar inhóspito: La frontera entre la URSS y Ucrania, en donde logro encontrar un trabajo como garzón en un restaurant de mala muerte llamado “Shan Gri La” cuando un día llegaron dos oficiales del ejército rojo que tenían bajo su custodia un camión blindado con 20 nazis listos para ser llevados al campo de de trabajos forzados.
En ese lugar y por culpa del extraordinario destino o Fatum, se conocieron Fritz y Mahmud.
En la mesa 4 del restaurant, la que estaba ocupada por el malhechor Vladek Rascomovich (condenado a 17 años en Siberia por asesinar a cuatro bebes de sus adversarios “por ajustes de cuentas”) y la tuerta pendenciera Svitlana Isinbáyeva (Prófuga del estado por el asalto a 3 bancos de Moscú y el secuestro de una casa de reposo de mayores con el resultado de 10 muertos) se encontraban compartiendo una romántica copa de vino en su aniversario de matrimonio numero uno.
A nadie le falta dios dice el dicho, y a estos dos horribles seres amorales, desprovistos de toda belleza física y ética, el amor, o dios, no les faltaba. Acaramelados besos se contraponían a la rudeza de los tatuajes de la mafia a la que cada uno pertenecía y que tenían impregnados en sus cuerpos.
Mahmud siempre cumplía su deber como debe hacerlo cualquier buen inmigrante con papeles manchados, y así lo hizo cuando los oficiales de la guardia roja que custodiaban el carro de prisioneros nazis ubicados en la mesa 5, le pidieron un par de vodkas para capear el frio. Lastima le dio al hindú ver que el par de militares llevaba engrillado por el cuello a un moreteado y flaco hombre que no era nada menos que Fritz.
- ¿Algo para el flaquito?- dijo en un prematuro idioma ruso el extranjero Mahmud.
- ¿Para este? ¿Qué dices Boris?- Dijo el oficial de barba larga tironeando como a un perro a Fritz.
- Pidamos un filete para él, tiene que seguir con fuerzas para que nos entretenga con sus humoradas en el viaje a Siberia que nos queda- respondió el rubio y fornido capitán.
- Anotado, un filete sale- afirmó Mahmud.
Fritz casi sin fuerzas por el hambre y la horrible sed, veía a seis oficiales que lo custodiaban y su cuerpo ya casi no le respondía a su mente.
- Siéntate acá rata fascista- dijo el barbudo moviendo una silla que rechino en el suelo.
- De seguro seremos los camaradas que mejor te tratemos antes de llegar al Gulag. Tienes suerte payaso- respondió Boris con un marcado acento Ruso de San Petesburgo.
- Askdaonoansoinasmolknmsaldanasldmapo (Muchas gracias: En dialecto de Fritz hambriento)
- Espero poder escuchar nuevamente ese chiste del Judio Aleman que tiene que pedir gas para su cocina- dijo burlonamente el teniente Boris
- JAJAJAJAJ, hay que decir que esta rata tiene un don- respondió el capitán rubio.
El único “don” que esa rata nazi no tenía, era la de estar en pie durante 5 días sin comer ni beber nada. Así, mientras llegaba el mesero con los tragos y el filete, Fritz perdió la conciencia antes de sentarse y derribo con su cuerpo a Mahmud quien cayó violentamente en la mesa 4, dando vuelta el vino que la pareja de delincuentes había comprado para celebrar su amor. Para peor, la mitad de la botella había caído en el bello abrigo de bisonte que había robado Vladek para declararle su amor a Svitlana hace un año arruinándolo por completo.
Un silencio sepulcral y una tensión en el ambiente se hicieron sentir de inmediato en el Shang Gri La. Lo único que terminó con esa extraña sensación de turbación en el restaurante y que llegó a durar casi un minuto, fue el sonido de la carga de una pistola y un balazo.
Pero el Fatum ya estaba operando en ese momento. Y la bala que iba dirigida a la cabeza de Fritz impactó de lleno en la bandeja de plata en la que Mahmud llevaba los pedidos al caer justo en la cara del humorista.
La bala loca rebotó y dio en el glúteo de un destacado violinista admirador de Shostakovich y clandestino por ser Troskysta que se encontraba bebiendo en la barra. A pesar de ser sensible en su arte, también utilizaba su instrumento como arma de guerra al ser modificado para que disparara descargas de balas trazadoras de nueve milímetros al tocar la nota MI.
Y él MI sonó varias veces.
De un momento a otro, el Shan Gri La se convirtió en una balacera muy parecida al lejano oeste. Militares, pendencieros, cazadores de ballenas, clandestinos políticos, músicos, prostitutas y mafiosos. Todos dispararon.
Mahmud, experto en entrenamiento militar debido a sus creencias políticas, utilizo diversas técnicas de protección: Primero rodo en el suelo sagazmente y digno de film de Bollywood, logro poner una mesa como escudo de protección momentáneo ante las balas. Hasta allí llevo raudamente a Fritz que de nada se había enterado ya que yacía tendido en el suelo por la fatiga.
Hasta la cocina logró huir raudo el hindu sin ni una pisca de miedo y totalmente ileso junto al inconsciente Fritz, que en el trayecto recibió un balazo en la pierna que le dejaría con un chistoso caminar para toda su vida.
El fuego había cesado y casi todo el restaurant estaba repleto de humo, sangre y cadáveres. Nadie se había salvado excepto nuestros protagonistas.
Tirados en la cocina, Mahmud le echo un vaso de agua a la cara de Fritz, quien despertando abruptamente y medio atontado gritó “¡MAMÀ NO QUIERO IR AL COLEGIO!”.
- Nada de colegio, tenemos que irnos de acá el jefe va a venir y….-
Al levantar su vista en esa putrefacta cocina del Shangri la, un petrificado Ucraniano de más de un metro noventa no podía creer lo que se veía desde el vidrio que daba al comedor principal: Una masacre. Aspirando todo el aire que pudo, el jefe de Mahmud emitió un gigante grito que se oyó a kilómetros de distancia.
- “¡DESPEDIDO! ¡FUERA DE MI COCINA! ¡INMIGRANTE COCHINO!¡DESPEDIDO!”-
Y así Mahmud y Fritz huyeron nuevamente, no de las balas, si no que esta vez de los platos que el jefe les lanzaba después de haber perdido la razón al ver que un par de militares y los asesinos más buscados de la URSS estaban con los sesos reventados en su restaurant.
Frente al mar negro, en el puerto, en esa cálida tarde con brisa húmeda, propia del clima de Krech, ciudad que tiempo más tarde entraría en disputa entre las naciones vecinas de Rusia y Ucrania, se encontraban Fritz y Mahmud compartiendo una once que consistía en no más que un Pan duro y algo de té que habían logrado rescatar desde la cocina infernal.
- Adskjasoidanfanoadnoasndo- decía Fritz con la boca llena y desesperado por comer algo.
- ¿Qué cosa amigo?- dijo Mahmud quien lento y sereno comía de a pequeños pedazos su duro pan.
- AskdaodoESTAdadoaMUYasmdaBUENOasdaESTOGRACIASmadslm- dijo nuevamente Friz un poquito más calmado
- No hay problema…. pero ya no se qué hacer. Este pan es lo último que tenía. No conozco a nadie acá, no hablo casi el idioma y no me puedo volver a la India-
- Hay un montón de barcos en ese puerto, quizás uno nos lleve. Preguntemos- dijo satisfecho Fritz con migas de pan en la boca
- ¿Preguntar?, Ese es el problema de los alemanes, por eso perdieron la guerra. Son tan inocentes-
- Inocentes, ¡los ucranianos son los inocentes!-
- ¿Por qué lo dices?-
- Ese gerente del restaurant. Debió usar a los nazis del camión en el que me llevaban prisionero para limpiar su restaurant, si no nos hubiera echado le hubiera dicho. Oye….- Una ampolleta se ilumino arriba de la cabeza de Fritz.-
- ¿Qué pasa rubio?-
- Se me ocurrió una idea para un chiste. Habían 20 nazis garzones en un restaurant atendiendo y…-
- Cuéntamelo cuando estemos cruzando el Mar Negro. Sígueme, nos colaremos a ese barco de ahí- Mahmud apuntó al barco bautizado como “Lindo Tesoro”.
- Me parece un buen nombre para un barco, me da confianza- dijo Fritz.
- Oye hablando de eso ¿Cómo te llamas?
- Fritz Hockenheimer, un gusto.
- Mahmud Nayak. Namaste. Un placer.
Se estrecharon las manos y emprendieron rumbo hacia el barco. El atardecer era hermoso. Tan lindo como para cruzar el mar hacia otro extremo del mundo. El Fatum les tenía guardados diversos fracasos antes de caer en manos de los fusiles. Navegar en un barco con un motor malo en medio de un recorrido hacia China y cerca de 20 años más de aventuras como inseparables amigos para comenzar.
Continuara….
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