Ernesto no podía creer lo que había hecho. Al revisar su Watsap después de una noche con
las malas juntas, se dio cuenta que le había mandado cerca de 3 mensajes muy
hirientes a una chiquilla con la que salía hace algún tiempo.
-“La cague, nunca más tomó 6 tapitas de ron al seco”- se
dijo a sí mismo.
Su imprudencia
alcohólica lo llevó olvidar en que momento había realizado la acción de
escribir “Creo que ya hemos salido
mucho, es tiempo que me dis la pasada” o “No sé cómo soporto hablar de puras weas durante 3 horas
contigo”, y el mensaje final “AJSDAJDJGOMDFOGSMF VIVA EL COPETEaknsodakn”.
El joven alto, exageradamente flaco y de profundas ojeras al cual apodaban “Fidodido” tenía una expresión facial repleta de vergüenza y que combinada con una caña horrible no le
hacían lucir un bonito aspecto.
Lo peor de todo. Los mensajes ya tenían el doble visto azul
y ninguna respuesta.
Fue a la cocina y se sirvió un gran vaso de agua. Su lengua
estaba como un rio tras una larga sequía. En su mente retumbaba “¿cómo tan curado?”.
Y luego se dijo a sí mismo la clásica frase utilizada desde tiempos inmemorables
por los hombres y mujeres del mundo: “No tomó más”.
Rojo de vergüenza llamó a la chiquilla pinche para
disculparse, pero ella indignada textualmente le dijo “Pégate una patada en el
culo tú mismo, aweonao”.
Tras una semana aburrida de trabajo, solitario, soltero y
triste llegó el san Viernes y recurrió a los amigos que incrementaban el gran
defecto de “Fidodido”: la imposibilidad de decir que no al trago.
Y así entre tallas, pelambres y relatos nostálgicos, el
copete volvió a entrar en el cuerpo de nuestro compadre. Todos los atados se iban lejos, ya no
importaban mucho. El volumen de las risas aumentaba, la sinceridad también. Y
de vaso en vaso, de un momento a otro, se despertó nuevamente en su cama.
No recordaba cómo llegó allí. Sólo sabía que la había pasado
muy bien la noche anterior. “Los amigos nunca fallan” pensó con una sonrisa
dibujada en su cara a pesar de un hachazo mortal. La expresión de congoja se borró abruptamente al ir al baño y mirarse
al espejo.
Un vistoso ojo morado adornaba su rostro. No sólo eso.
Tomando consciencia de su integridad, descubrió diversos rasguños, chichones y
cortes en todo su cuerpo.
Una vergüenza
emergió desde su estómago, todo indicaba que se había sacado la chucha de
curado. Pero como de costumbre
nuevamente no recordaba su destino.
Está era la gota que rebalso el
vaso. La gota que rebalsó el vaso de todos los copetes que se tomó.
Como en un bolero de José Feliciano, tiró con fuerza su pelo
haciéndole daño a su cuero cabelludo y desesperado gritó mirando al cielo del
baño: ¡MALDITO COPETE! ¡NUNCA MÁS!
Llamó a sus amigos para preguntar qué había pasado y ellos
nada sabían. “te fuiste dando jugo para la casa” “ni siquiera quisiste quedarte a dormir acá.
Yo te lo ofrecí”, “andabai odioso weon” y más comentarios de ese estilo
emergieron desde el auricular de su celular.
Desdichado y con una mochila de culpas por su “Alzheimer alcohólico”
se comprometió y sacó una hoja de papel y escribió con grandes y vistosas
letras “Nunca más copete, pero de
verdad, nunca más”.
Para mala suerte, los astros le ponían la botella en su
camino. Una colega de la pega lo invitó a un matrimonio con barra abierta.
Llegaron al lugar, y la fiesta estaba que ardía. Por sus
ojos pasaron mozos con el exquisito ron con coca cola, las piscolas, las
cervezas sudadas por el frio del congelador y varios otros menjunjes que
crearon una ansiedad incomoda en el invitado.
Pero “Fidodido” fue valiente y con un vaso ´”sano” de Coca-Cola,
que a la distancia parecía un ron, aguanto la música sin perder el equilibrio
ni dar jugo. Elegante y de terno estaba
orgulloso de su acto de compromiso.
Lamentablemente toda esta puesta
en escena se desmoronó cuando fue al baño a hacer sus necesidades.
Justo cuando iba pasando
a su lado la novia del matrimonio con su traje blanco y cotillón, la
mano de “Fidodido” fue empujada por una
fuerza extraña hacia el trasero de la mujer sin siquiera el tener intención de
hacerlo. Era como si le hubieran
agarrado la mano para pegar con fuerza el prominente poto estilo pera de la
festejada. Y eso que no había gota de
alcohol en su sangre y su sano juicio estaba intacto.
La novia pegó un grito más fuerte del que tendría en
su apasionada noche de bodas, cuando sintió el tacto de “Fidodido”.
-
¡¡¡¡¡DESUBICADO!!!!!!- gritó la muchacha indignadísima, al
punto que los candelabros del hotel donde se realizaba la fiesta se movieron
como si hubiera habido un temblor.
Todos giraron sus cabezas al pasillo. La música se cortó con el típico sonido de un vinilo al que le sacan la aguja. Fidodido pálido por el suceso se quedó
inmóvil. La gente se agolpó en el lugar
preguntando qué había sucedido.
-
Les juro que yo no tenía intención- dijo
tímidamente y con los hombros recogidos Fidodido
La gente empezó a murmurar que el alcohol había hecho
estragos en el “Flaco Ernesto”
Pero la extraña fuerza mencionada anteriormente se hizo con
él nuevamente y fue directamente a tocar
los senos de la festejada.
Todos miraban extrañados los movimientos de Ernesto. El
novio indignado al percatarse de la
escena fue directamente a golpearlo, pero cuando ”Fidodido” lo esquivo ocurrió lo increíble.
El puñetazo del novio fue directamente a dar en la quijada
de la sombra de Ernesto separando la silueta de su origen.
Todos quedaron asombrados cuando la sombra huyó raudamente sangrando por el cacho en el hocico.
Sin poder creerlo y sin sombra, Fidodido fue a buscarla junto al novio y los invitados.
No hay matrimonio sin escandalo dicen los entendidos.
Tras recorrer casi todo el hotel, en un salón sin mucha luz
la encontraron en un rincón llorando.
-
Le voy a sacar la chucha- dijo el novio.
-
Calma, sé que lo que hizo no estuvo bien, pero
oye, es mi sombra- dijo empático
“Fidodido” y fue donde ella.
Al intentar darle una mano, la sombra como un perro herido,
se alejó en un acto reflejo. Estaba
tiritando de miedo.
-
Tranquila- le dijo con tono acogedor Fidodido
-
¿Tranquila?, yo te vi con un vaso de copete, ¡yo
vi el roncola! pensé que estabas curado, mi plan era perfecto- le dijo con
rabia la Sombra golpeando el suelo.
-
¿Qué plan?- comentó extrañado Ernesto.
-
¿Qué no entiendes?, Yo fui el que mando ese
watsap a la mina que conocimos la otra vez, me daba celos de que tu estuvieras
con ella y yo no. Yo fui el que te saco la cresta cuando estabas como piojo. Yo
fui el que quería que le tocaras el culo a la novia. Yo te quería destruir
Ernesto. Yo te odio y siempre he odiado ser tu sombra. Te quería muerto para
ser libre.
-
Pero ¿Por qué? , ¿Qué hice para que me odiaras?
-
¿Qué hiciste? , eres un borracho, aburrido,
pintamonos y aun así tienes amigos que te quieren y gente que te rodea. Pero yo
siempre quedo postergada y relegada a ser tu sombra. Lo odio.
-
Oye pero no tienes que ser así conmigo, yo no te
obligo a nada. Yo soy como soy. Es más, si no quieres estar conmigo te puedes
ir si quieres. Tomate unas vacaciones. Además, yo te debo mucho, gracias a tus
juegos me di cuenta que tengo un problema con el copete y lo estoy dejando.
-
Menos mal. Ya te imaginaba con una cirrosis y eso que
eres súper joven fidodido. Deberías ser más consciente de tu cuerpo.
-
Si po. Tú en el fondo me hiciste cachar que debo
preocuparme más.
-
Entonces mi plan funciono al revés
-
Así parece ser
-
Oye y lo que decías antes. ¿En serio puedo
tomarme unas vacaciones?
-
¿Por qué no? Puedo soportar estar un tiempo sin mi sombra. Además para que quiero tener una sombra
estresada.
-
Buena
Y se dio esa bella
imagen. La sombra de Ernesto “Fidodido” se separó de él y tomo cuerpo
propio.
El salón rodeado por los
asistentes del matrimonio parecía set televisivo, ya que el novio, totalmente
ajeno al percance acontecido hace breves momentos, comenzó a aplaudir, lo cual
todos replicaron.
Y allí Fidodio abrazó a su sombra muy apretadamente perdonándose
ambos.
Luego carretearon. Se sacaron una foto con los novios llenos de cotillón.
La sombra hasta lideró una coreografía de Axe que prendió la fiesta. Incluso le salió otra sombra pinche. Ernesto por su parte, condujo a la casa tras
la fiesta sin haber tomado nada.
Al llegar al hogar inmediatamente
cotizaron pasajes. Ahí Fidodido se
comprometió a comprarle a su sombra un pasaje al caribe para unas relajantes
vacaciones.
Fueron tres semanas en que la sombra mandó diversas postales
con paisajes espectaculares. “He conocido muchas sombras amistosas. Y me he
relajado como nunca. Muchas gracias Ernesto, nunca más te abandonare ni te haré
daño” decía con una letra pulcra.
Fidodido sin su
sombra leía muy contento las postales, siempre tomando un vasito de agüita pura,
por si las moscas.
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