viernes, 7 de agosto de 2015

Prendas mutantes

Impacto causó en la comunidad de  Slavutich, pueblo cercano a Chernobyl ; el extraño caso ocurrido la madrugada del  26 de abril de 1987, a tan sólo 1 año del acontecimiento radioactivo más importante de la historia. 

El hecho ocurrió cuando volvían de una cita romántica la joven pareja compuesta por el rubio y fornido Andréi Semiónov (27 años),   originario de Prípiat (ciudad evacuada por el ejército rojo tras la tragedia radioactiva) y la menuda joven de ojos azules y cabellos negros Elena Morozova  (20 años), originaria de Kiev.

Tras la invitación de Andreí a tomar un vaso de Vodka al departamento que el gobierno comunista le había entregado momentáneamente  por ser un desplazado, y ella aceptar la invitación, ocurrió el horror. 

(ESCENA +18)

En el lugar y tras un par de copas, ambos muchachos desataron sus pasiones.

Él le juró amor eterno con una antiquísima canción de amor del ídolo de Petrogrado Mijaíl Savoyárov,  y ella decidida a que él era el hombre que la amaría por siempre, ansiosa, se dispuso a entregarle su virginidad desvistiéndose lenta y sensualmente.  

En el punto máximo de la lujuria pecaminosa, ella,  desnuda y muy coqueta frente a los ojos de Andreí le dijo “Quítate tus prendas”. 

Excitado, el hombre intentó rápidamente sacarse su camisa manga larga a cuadros y verde ocre, pero no lograba desabotonarla.

El hombre luchó y luchó, y ella con risas picaronas, lo intentó ayudar a descamisarse, y tras 10 minutos de forcejeo, un horrible grito espeluznante se escuchó en los departamentos contiguos.

Al lugar llegó un vecino alertado por el escándalo, quien derribó la puerta del departamento. En el lugar se encontraba  la joven mujer en shock desnuda, mirando petrificada a su amado quien yacía muerto.

El hombre estaba  siendo estrangulado por su propia camisa verde ocre, la cual tenía vida propia. Al ver al vecino, la prenda se movió por todo el departamento, desplazándose utilizando sus mangas como pies.   

Espantado por lo que él llamaría un  “truco de magia endemoniado”, el vecino intentó rescatar a la muchacha tomándola en sus brazos. Pero la camisa obstaculizo el pasillo e impidió el paso del hombre para posteriormente atacarlo.  La camisa se tiró encima de él y lo botó al suelo con una fuerza que describiría posteriormente como “Sobrehumana”.  La chica con una  actitud de venganza,  tomó una plancha y golpeó a la camisa, quedando inerte.

Ambos lograron escapar del lugar raudamente.

Un grupo de vecinos se había reunido  en el pasillo en torno al departamento del difunto joven  y llamaron a las autoridades por los inusuales ruidos, mientras que la joven aun en shock y con una toalla que la cubría, no podía explicar lo que había sucedido. Cosa que si pudo hacer el vecino heroico.

Un hombre no identificado aseguró que se asomó a la pieza donde se encontraba el hombre fallecido y la camisa, con el fin de  verificar la historia del vecino que entró al lugar. Aterrado volvió al pasillo donde se encontraban los demás,  al percatarse que la prenda se estaba cociendo así misma  una bufanda y ya tenía unidas a sus telas; un pantalón, un abrigo, una chaqueta gruesa color beige y un calcetín del muerto. Todos los ropajes se movían al unisonó, casi con motricidad humana.

Un vecino científico también desplazado de Chernobyl, sospechando del extraño hecho se acercó también al lugar y con un sensor de radioactividad advirtió a los curiosos que era riesgoso estar en el lugar ya que aquella ropa  y el sector se encontraban con altos índices nucleares.

-         ¡ESAS PRENDAS. COBRARON VIDA GRACIAS A LA MODIFICACIÓN GENETICA DE SUS TELAS POR LA  RADIOACTIVIDAD NUCLEAR! ¡ ES PELIGROSO ESTAR AQUÍ! ¡SON PRENDAS MUTANTES! – dijo el científico alterado. 

Pero antes que nadie pudiera hacer algo, la pared del pasillo principal donde se agolpaban los vecinos se derrumbó. 

Los alaridos fueron generalizados. Eran nada menos que kilos y kilos de ropa que configuraban un horrible monstruo de prendas de vestir y que emitía un horrible gruñido.

 “La cosa medía 6 metros de alto y poseía una fuerza que envió a cerca de 12 vecinos que estábamos ahí al hospital de Kiev con fracturas graves e índices menores de radiación” comenta un testigo.

El horrible monstruo de ropajes caminó por el centro de la ciudad durante cerca de media hora, destruyendo todo lo que vio a su paso. A su vez, mientras pasaba por tiendas de ropa y lavanderías, su radioactividad despertaba a otras prendas que se fusionaban a él haciéndolo cada vez más grande, casi del tamaño de un edificio de 30 pisos. 

 El Kremlin tomo cartas en el asunto y el ejército rojo envió a su mejor equipo anti desastres radiactivos.  “Ya nos enfrentamos anteriormente en Chernobyl con Sandwiches asesinos radiactivos, y  muebles mutantes con consciencia propia.  Podemos con esto” dijeron confiados los altos mandos del escuadrón.

A eso de las 5 de la madrugada del 27 de abril, 10 de los mejores  aviones Rusos Sujói Su-27 atacaron a la bestia radioactiva, disparándole misiles de suavizante para que su estructura se desarmara.  “Era oloroso. Se nota que esa ropa no es había lavado hace meses. Teníamos miedo” dice un veterano soldado que participó en el ataque. 

El monstruo de ropas no dio tregua, e hizo caer a uno de los aviones cuando una pantimedia se enredo en una turbina de la aeronave.  Afortunadamente y tras un certero misil de cloro en una pila de calzoncillos malolientes y sostenes que le servían de sustento para mantenerse en pie, el horrible “Ropazilla” como lo bautizaron los medios internacionales, fue abatido.

Las prendas del moustruo, todas contaminadas con radioactividad, quedaron regadas en el piso del centro de la ciudad.  El espectáculo de una lluvia de ropajes es una escena que los habitantes de Slavutich aún no olvidan.

 La ropa  no pudo ser donadas a la caridad por su contaminación radioactiva y todo fue incinerado, excepto la primera camisa asesina manga larga verde ocre, que fue sustraída por un extraño grupo de hombres del servicio secreto.

De seguro esta prenda sería utilizada para investigaciones. O  quizás para utilizarla con algún fin bélico. Las autoridades rusas de tonto no tienen nada. Quizás pensaron los altos mandos que  una futura guerra nuclear, no será con bombas, quizás será con prendas de vestir. ¿Quién sabe? Estar a la moda en unos años más podría ser fatal. 

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