Impacto causó en la comunidad de Slavutich, pueblo cercano a Chernobyl ; el extraño caso
ocurrido la madrugada del 26 de abril de
1987, a tan sólo 1 año del acontecimiento radioactivo más importante de la
historia.
El hecho ocurrió cuando volvían de una cita
romántica la joven pareja compuesta por el rubio y fornido Andréi Semiónov (27 años), originario de Prípiat (ciudad evacuada por
el ejército rojo tras la tragedia radioactiva) y la menuda joven de ojos azules
y cabellos negros Elena Morozova (20 años), originaria de Kiev.
Tras la invitación de Andreí a tomar un vaso de Vodka al
departamento que el gobierno comunista le había entregado momentáneamente por ser un desplazado, y ella aceptar la
invitación, ocurrió el horror.
(ESCENA +18)
En el lugar y tras un par de copas, ambos muchachos desataron
sus pasiones.
Él le juró amor eterno con una antiquísima canción de
amor del ídolo de Petrogrado Mijaíl Savoyárov,
y ella decidida a que él era el hombre que la amaría por siempre, ansiosa,
se dispuso a entregarle su virginidad desvistiéndose lenta y sensualmente.
En el punto máximo de la lujuria pecaminosa, ella, desnuda y muy coqueta frente a los ojos de
Andreí le dijo “Quítate tus prendas”.
Excitado, el hombre intentó rápidamente sacarse su
camisa manga larga a cuadros y verde ocre, pero no lograba desabotonarla.
El hombre luchó y luchó, y ella con risas picaronas,
lo intentó ayudar a descamisarse, y tras 10 minutos de forcejeo, un horrible
grito espeluznante se escuchó en los departamentos contiguos.
Al lugar llegó un vecino alertado por el escándalo,
quien derribó la puerta del departamento. En el lugar se encontraba la joven mujer en shock desnuda, mirando
petrificada a su amado quien yacía muerto.
El hombre estaba siendo estrangulado por su propia camisa verde
ocre, la cual tenía vida propia. Al ver al vecino, la prenda se movió por todo
el departamento, desplazándose utilizando sus mangas como pies.
Espantado por lo que él llamaría un
“truco de magia endemoniado”, el vecino intentó rescatar a la muchacha tomándola
en sus brazos. Pero la camisa obstaculizo el pasillo e impidió el paso del
hombre para posteriormente atacarlo. La
camisa se tiró encima de él y lo botó al suelo con una fuerza que describiría
posteriormente como “Sobrehumana”. La
chica con una actitud de venganza, tomó una plancha y golpeó a la camisa, quedando
inerte.
Ambos lograron escapar del lugar raudamente.
Un grupo de vecinos se había reunido en el pasillo en torno al departamento del
difunto joven y llamaron a las
autoridades por los inusuales ruidos, mientras que la joven aun en shock y con
una toalla que la cubría, no podía explicar lo que había sucedido. Cosa que si
pudo hacer el vecino heroico.
Un hombre no identificado aseguró que se asomó a la pieza donde se
encontraba el hombre fallecido y la camisa, con el fin de verificar la historia del vecino que entró al
lugar. Aterrado volvió al pasillo donde se encontraban los demás, al percatarse que la prenda se estaba cociendo
así misma una bufanda y ya tenía unidas
a sus telas; un pantalón, un abrigo, una chaqueta gruesa color beige y un calcetín
del muerto. Todos los ropajes se movían al unisonó, casi con motricidad humana.
Un vecino científico también desplazado de Chernobyl, sospechando del extraño
hecho se acercó también al lugar y con un sensor de radioactividad advirtió a
los curiosos que era riesgoso estar en el lugar ya que aquella ropa y el sector se encontraban con altos índices
nucleares.
-
¡ESAS
PRENDAS. COBRARON VIDA GRACIAS A LA MODIFICACIÓN GENETICA DE SUS TELAS POR
LA RADIOACTIVIDAD NUCLEAR! ¡ ES
PELIGROSO ESTAR AQUÍ! ¡SON PRENDAS MUTANTES! – dijo el científico alterado.
Pero antes que nadie pudiera hacer algo, la pared del pasillo principal
donde se agolpaban los vecinos se derrumbó.
Los alaridos fueron generalizados. Eran nada menos que kilos y kilos de
ropa que configuraban un horrible monstruo de prendas de vestir y que emitía un
horrible gruñido.
El horrible monstruo de ropajes caminó por el centro de la ciudad
durante cerca de media hora, destruyendo todo lo que vio a su paso. A su vez, mientras
pasaba por tiendas de ropa y lavanderías, su radioactividad despertaba a otras
prendas que se fusionaban a él haciéndolo cada vez más grande, casi del tamaño
de un edificio de 30 pisos.
A eso de las 5 de la madrugada del 27 de abril, 10 de los mejores aviones Rusos Sujói Su-27 atacaron a la bestia
radioactiva, disparándole misiles de suavizante para que su estructura se
desarmara. “Era oloroso. Se nota que esa
ropa no es había lavado hace meses. Teníamos miedo” dice un veterano soldado
que participó en el ataque.
El monstruo de ropas no dio tregua, e hizo caer a uno de los aviones
cuando una pantimedia se enredo en una turbina de la aeronave. Afortunadamente y tras un certero misil de
cloro en una pila de calzoncillos malolientes y sostenes que le servían de
sustento para mantenerse en pie, el horrible “Ropazilla” como lo bautizaron los
medios internacionales, fue abatido.
Las prendas del moustruo, todas contaminadas con radioactividad, quedaron
regadas en el piso del centro de la ciudad. El espectáculo de una lluvia de ropajes es una
escena que los habitantes de Slavutich aún no
olvidan.
De seguro esta prenda sería utilizada para investigaciones. O quizás para utilizarla con algún fin bélico.
Las autoridades rusas de tonto no tienen nada. Quizás pensaron los altos mandos
que una futura guerra nuclear, no será
con bombas, quizás será con prendas de vestir. ¿Quién sabe? Estar a la moda en
unos años más podría ser fatal.
Nada de camisas verdes
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